Carlos VII: Juana de Arco, la reconquista y la restauración del Estado (1422–1461) · PLENA EDAD MEDIA
La reconquista no se hace solo por las armas: se hace aislando al adversario. El pivote, en los años 1430, es Borgoña.
Desde el comienzo del siglo XV, la alianza anglo-borgoñona ha dado a los Ingleses una ventaja: acceso político al norte, presión sobre París, relevo diplomático.
Durante mucho tiempo indeciso, Carlos VII va a explotar el impulso suscitado por Juana de Arco para asentar su autoridad y lanzar la reconquista. Sabe que no puede hacer nada mientras la guerra civil con Borgoña no haya terminado. Entabla, pues, negociaciones con el duque de Borgoña, Felipe el Bueno.
El 1 de julio de 1435, bajo la presidencia de los legados del papa y en presencia de numerosos príncipes franceses y extranjeros, se abre en Arras el congreso de la paz entre Borgoñones y Armagnacs. Carlos VII está representado por el duque de Borbón, el conde de Vendôme y el condestable de Richemont. Felipe el Bueno está acompañado de su hijo, el futuro Carlos el Temerario, y asistido por el canciller Rolin.
El 21 de septiembre de 1435, la paz de Arras es proclamada en la iglesia Saint-Vaast, poniendo fin a la guerra civil desencadenada en 1407 por el asesinato del duque Luis de Orléans. Carlos VII reconoce a Felipe el Bueno como soberano de Borgoña y le dispensa del homenaje. Le cede los condados de Mâcon y Auxerre, y le vende varias ciudades de la Somme.
El tributo es pesado, pero para Carlos VII, lo esencial está en otro lugar: en adelante tiene las manos libres para enfrentarse a los Ingleses.