Carlos VII: Juana de Arco, la reconquista y la restauración del Estado (1422–1461) · PLENA EDAD MEDIA
Una monarquía que reconquista debe también defenderse contra el interior. Las reformas militares y fiscales refuerzan el centro, pero inquietan a los príncipes y grandes señores.
En 1439, los estados generales de lengua de oíl, reunidos bajo la presidencia del rey Carlos VII en Orléans, emiten el deseo de que una reforma intervenga para poner fin a los desórdenes provocados por los routiers y los écorcheurs.
Por la ordenanza de Orléans, dada el 2 de noviembre de 1439 por el rey Carlos VII, se deciden dos reformas:
El rey decreta también la unidad del impuesto real de la taille, en detrimento de las tallas señoriales, para financiar la creación de un ejército permanente del reino de Francia.
La ordenanza de Orléans provoca la reacción de los feudatarios del reino que rechazan todo ataque a sus prerrogativas medievales en beneficio del poder real centralizador.
En 1440, los grandes vasallos se comprometen en una revuelta armada contra el rey Carlos VII. Esta conspiración es conocida con el nombre de Praguería, por alusión a la revuelta de los husitas en Praga a principios del siglo XV. Entre los conjurados se encuentran Juan II, Juan IV d’Armagnac, Carlos I de Borbón, Luis I de Borbón-Vendôme e incluso el delfín Luis, futuro Luis XI, ansioso por tomar el poder eliminando a su padre.
Los conjurados toman las armas, pero se encuentran con el rechazo de los señores que permanecen fieles al rey Carlos VII. Después de numerosos combates, las tropas reales, dirigidas en persona por el rey Carlos VII, acaban por vencer a los revoltosos el 19 de julio de 1440. Estos últimos piden gracia y la obtienen del rey. Su hijo Luis es alejado hasta el Delfinado, del que asumirá el gobierno como delfín del Viennois.
La revuelta está aplastada. El efecto es duradero: Carlos VII refuerza su capacidad de imponer la disciplina política, condición indispensable para la reforma militar y la reconquista.