Hugo Capeto: nacimiento de la dinastía capeta (987–996) · PLENA EDAD MEDIA
La muerte de Luis V sin heredero directo deja abierta la sucesión. Queda un carolingio, Carlos de Lorena, pero una parte de los grandes se niega a que se imponga. La asamblea se reúne en Senlis: Hugo Capeto es elegido.
Hugo es ya el “segundo” del reino: duque de los francos, dueño de una sólida red de abadías y plazas fuertes. Pero es también un compromiso: lo bastante poderoso como para estabilizar, no tan poderoso como para aplastar a todos los príncipes.
El argumento decisivo procede de la Iglesia: la idea de que la realeza debe confiarse a quien sirve al bien común y al orden cristiano. El discurso episcopal permite justificar la ruptura dinástica sin decir que se “derriba” a los carolingios.
Poco después de la elección, Hugo es coronado y consagrado (según las tradiciones, en Noyon o dentro de la órbita de Reims). La consagración no es una formalidad: convierte al rey en un personaje “apartado”, al servicio de Dios y del reino. Es el punto de partida de la dinastía capeta.