
987 à 996
En 987, la muerte de Luis V sin heredero directo abre una crisis de sucesión en el reino de Francia occidental. Los grandes del reino eligen entonces a Hugo Capeto, duque de los francos y jefe de los robertinos. Con él comienza una nueva dinastía: los Capetos.
Mapa de Francia a finales del siglo X. En azul, el dominio real; se indican los límites y los nombres de los demás grandes feudos. El condado de Barcelona sería de hecho independiente a finales del siglo IX.
Sin embargo, esta elección no era evidente. Hugo no es ni el señor más poderoso del reino ni el heredero natural de los carolingios. Su autoridad se apoya en un dominio modesto, centrado en un eje que va de Senlis a Orleans, y en el apoyo de un grupo de obispos y grandes príncipes. Pero esa misma debilidad tranquiliza: ningún gran feudal teme que aplaste inmediatamente a los demás. En ese sentido, la fragilidad del nuevo rey constituye también su fuerza política.
Durante casi un siglo, los primeros Capetos no buscarán dominar brutalmente todo el reino. Se dedicarán sobre todo a mantener su dominio, a consolidar su legitimidad y a transmitir la corona sin ruptura.
🔍 Zoom – 987: elección en Senlis y coronación del primer Capeto
El 1 de junio de 987, Hugo Capeto es elegido rey en Senlis por una asamblea de grandes del reino. Esta elección se debe en gran parte a la acción del arzobispo Adalberón de Reims, quien descarta la candidatura de Carlos de Lorena, último gran pretendiente carolingio. Hugo cuenta además con apoyos importantes, especialmente en el entorno eclesiástico y principesco: Gerberto de Aurillac, el duque Ricardo Sin Miedo de Normandía o también su hermano Enrique de Borgoña.
Hugo Capeto, el primer rey de la dinastía capeta, coronado en 987.
El 3 de julio de 987, Hugo es consagrado en Noyon. Este lugar no es anodino: recuerda la tradición carolingia y otorga al nuevo rey una forma de continuidad simbólica. Pero la consagración no basta. En un reino donde la realeza sigue siendo en parte electiva, Hugo debe impedir de inmediato que a su muerte todo vuelva a ponerse en juego.
Su objetivo es, pues, claro: transformar la elección en dinastía. Quiere que su hijo Roberto sea reconocido como sucesor en vida. Adalberón duda, pues una parte de las élites eclesiásticas y políticas prefiere una realeza de equilibrio, en la que las grandes familias se sucedan sin instalarse de manera duradera. Hugo termina imponiéndose invocando la necesidad de garantizar la continuidad del poder si el rey tuviera que partir en expedición.
El 25 de diciembre de 987, ante una asamblea reunida en Santa Cruz de Orleans, Roberto es asociado a la corona. Esta segunda consagración es un gesto capital: sienta las bases de la futura continuidad capeta. El joven príncipe se convierte en rey asociado, presente junto a su padre en los asuntos políticos y militares.
Para reforzar aún más esta nueva legitimidad, Hugo busca también una alianza matrimonial prestigiosa. Roberto se casa con Rozala de Italia, viuda del conde Arnulfo II de Flandes y vinculada al mundo carolingio. El matrimonio tiene un fuerte alcance político, aunque sigue siendo frágil y pronto será puesto en entredicho.
🔍 Zoom – Navidad de 987: Roberto II asociado a la corona
La nueva dinastía es contestada de inmediato. El principal rival es Carlos de Lorena, tío de Luis V y último representante creíble del linaje carolingio. Su existencia impide a Hugo Capeto presentarse como un rey incontestable.
En 988, Carlos pasa a la acción. Se apodera de Laon, plaza mayor del reino, y hace prisioneros a varios personajes importantes, entre ellos el obispo Ascelino, la reina Ema y Adalberón II de Verdún. Este golpe de fuerza muestra que la causa carolingia sigue viva.
Hugo Capeto y su hijo Roberto sitian entonces Laon, sobre todo a finales de la primavera y durante el verano de 988. Pero la ciudad resiste. Incluso se plantea una mediación imperial: la emperatriz Teófano propone su arbitraje, prueba de que el asunto rebasa el marco meramente local. Carlos intenta salidas, y Hugo debe finalmente levantar el sitio. El fracaso es revelador: la naciente realeza capeta carece todavía de los medios militares necesarios para imponer rápidamente su voluntad.
La crisis se complica aún más cuando la lucha alcanza Reims, sede esencial de la legitimidad real. En 989, tras la muerte de Adalberón, Hugo hace elegir para el arzobispado a Arnulfo, hijo ilegítimo de Lotario. La elección parece al principio hábil: instalar a un personaje de sangre carolingia, pero leal al rey. Sin embargo, Arnulfo resulta ser inestable y estar ligado a Carlos.
Durante estos años, Hugo alterna sitios, devastaciones y negociaciones. En 989, él y Roberto devastan el Laonnois y el Raincien, pero sin lograr aplastar definitivamente a su adversario. Aislado, Hugo intenta incluso comprar apoyos, ofreciendo por ejemplo el condado de Dreux a Eudes de Blois, sin resultado decisivo.
La situación solo se desbloquea en 991. El 29 de marzo, el obispo Ascelino, mediante traición, captura a Carlos de Lorena y a Arnulfo. Ambos son entregados a Hugo Capeto, quien los hace encerrar en Orleans. Laon y Reims regresan entonces bajo control real.
Este giro lo cambia todo. El último gran pretendiente carolingio queda neutralizado, y la dinastía capeta puede en adelante esperar perdurar.
🔍 Zoom – 988–991: Laon, Reims y la neutralización de Carlos
Entre los primeros Capetos, la autoridad real descansa menos en la fuerza que en la legitimidad sagrada y en el apoyo de la Iglesia. Controlar Reims resulta, por tanto, capital: el arzobispado encarna la memoria de la consagración y el prestigio de la realeza franca.
Tras la captura de Arnulfo, Hugo convoca en 991 el concilio de Saint-Basle de Verzy. El concilio depone a Arnulfo y lo sustituye por Gerberto de Aurillac, uno de los mayores sabios de su tiempo. El gesto tiene un fuerte alcance político: afirma la capacidad del rey para organizar la Iglesia del reino y colocar a sus hombres en los puestos clave.
El rey Hugo Capeto asiste a la deposición del arzobispo de Reims, Arnulfo, hijo natural del rey Lotario, pronunciada al término del concilio celebrado en la iglesia del monasterio de Saint-Basle en Verzy los días 17 y 18 de junio de 991.
Pero esta decisión provoca la cólera del papa Juan XV, dejado al margen. El conflicto muestra que el poder capeto sigue siendo frágil: quiere controlar las grandes sedes eclesiásticas, pero no puede hacerlo sin suscitar tensiones y resistencias. La realeza capeta se construye, así, en un equilibrio delicado entre sacralidad, política de los obispos y relaciones con Roma.
Gerberto, que se ha ido acercando progresivamente a los Capetos, aporta al nuevo régimen un aval intelectual y religioso considerable. En torno a Reims se instala así una verdadera fábrica de la legitimidad capeta.
🔍 Zoom – Reims y la fábrica de la legitimidad (989–995)
Una vez descartado el peligro carolingio, Hugo Capeto no se convierte por ello en un soberano todopoderoso. El reino sigue dominado por poderosos príncipes territoriales: Normandía, Blois, Anjou, Aquitania, Borgoña o Bretaña siguen sus propios intereses.
El adversario más constante es Eudes de Blois, cuyas posesiones amenazan directamente el dominio real. En 991, intenta apoderarse de Melun para unir sus tierras de Beauce y Brie. La reacción resulta reveladora del modo de gobierno capeto: Hugo no vence solo, sino mediante coalición. El rey se alía con el conde Fulco Nerra de Anjou y con el duque Ricardo I de Normandía. Eudes es finalmente derrotado, y Melun vuelve a la órbita real.
Según una tradición transmitida más tardíamente, esta derrota dio lugar a un episodio que se hizo célebre: Eudes de Blois, obligado a huir, habría escapado de sus perseguidores disfrazándose de pastor. Esta anécdota, a menudo ilustrada en los manuscritos medievales, subraya a la vez la brutalidad de los conflictos entre príncipes y la fragilidad de los poderosos en caso de revés.
Eudes, conde de Blois, tras ser vencido, se disfraza de pastor.
Al mismo tiempo, otros grandes príncipes consolidan su propio poder. En 987, tras la muerte de Godofredo Grisegonelle, Fulco III Nerra se convierte en conde de Anjou. Es un acontecimiento importante: este enérgico príncipe desempeñará pronto un papel principal en el equilibrio del reino. En 992, derrota y mata a Conan de Bretaña en Conquereuil, afirmando el ascenso del poder angevino en el Oeste.
En Aquitania, el poder ducal sigue siendo también muy fuerte. Tras la abdicación de Guillermo Fierabrás, Guillermo V el Grande se impone al frente de un principado vasto y próspero, entre el Loira y el Garona. El rey capeto solo ejerce allí una influencia muy limitada.
Así, el reinado de Hugo no es el de una reconquista general, sino el de una supervivencia política lograda en medio de grandes príncipes a veces aliados, a veces amenazantes.
🔍 Zoom – 991–996: Melun, Fulco Nerra y el equilibrio de los principados
El final del siglo X está marcado por una profunda transformación del orden político. El poder público heredado de los carolingios se debilita, mientras que los señores locales, los castellanos y los grupos armados imponen cada vez con más frecuencia su ley a escala regional. En este contexto, la Iglesia intenta encuadrar la violencia mediante un nuevo lenguaje político y religioso: la Paz de Dios.
El movimiento aparece a finales de la década de 980 y cobra amplitud bajo Hugo Capeto. En 989, el concilio de Charroux condena las violencias cometidas contra los campesinos, los clérigos desarmados y los bienes eclesiásticos. Le siguen otras reuniones, sobre todo en el Mediodía y en el centro del reino, donde se busca hacer jurar a los guerreros que respetarán ciertos límites.
El movimiento prosigue durante la década de 990. En 994, el concilio de Saint-Paulien, llamado “del Puy”, ve al obispo Guy del Puy predicar la paz de Dios. Al mismo tiempo, un concilio de paz reunido en Anse, cerca de Lyon, busca especialmente proteger la abadía de Cluny contra los abusos de los señores vecinos. Estas iniciativas muestran que la Iglesia ya no se contenta con condenar la violencia: intenta construir un orden cristiano local, fundado en juramentos, sanciones religiosas y la defensa de los lugares sagrados.
Esta evolución acompaña el ascenso de un nuevo orden feudal. El rey no controla directamente el conjunto del reino, pero puede sacar partido de este clima: apoyándose en los obispos, los abades y los reformadores monásticos, la monarquía capeta se presenta como la aliada de un orden cristiano superior a las rivalidades de los príncipes.
El mundo monástico participa también en esta transformación. La reforma cluniacense sigue irradiando, y figuras como Guillermo de Volpiano, instalado en Saint-Bénigne de Dijon, difunden un ideal de restauración religiosa, disciplina monástica y prestigio espiritual. El reinado de Hugo Capeto se sitúa así en la bisagra entre dos mundos: un orden carolingio que se desvanece y un orden feudal y cristiano que se instaura.
🔍 Zoom – Paz de Dios: cuando la Iglesia encuadra la violencia
La cuestión de Reims no se extingue con la deposición de Arnulfo en 991. Al contrario, abre un conflicto más amplio entre la realeza capeta, los obispos del reino y el papado.
En 995, el concilio de Mouzon, presidido por un legado del papa, pone en tela de juicio la situación de Gerberto de Aurillac, cuyo acceso al arzobispado de Reims sigue siendo contestado en Roma. Hugo Capeto y su hijo Roberto se niegan a asistir e incluso prohíben a los obispos de Francia occidental que participen. El gesto es importante: muestra que el rey pretende defender la autonomía política y eclesiástica de su reino frente a la intervención pontificia.
Gerberto comparece, no obstante, y se defiende con vigor. Reconoce la primacía del papa, pero se niega a que Roma pueda gobernar directamente los asuntos de una provincia eclesiástica sin pasar por los concilios competentes. Detrás de la disputa canónica se juega en realidad una cuestión política: ¿quién controla las grandes sedes del reino y quién fabrica la legitimidad del poder?
El concilio de Reims reunido después no resuelve el litigio. Pero el asunto muestra que los primeros Capetos no buscan solo sobrevivir entre los grandes príncipes: intentan también fijar los límites de la autoridad pontificia en el reino. A través de Reims y de Gerberto se debate, en definitiva, el lugar mismo de la realeza dentro del orden cristiano.
Los últimos años del reinado muestran que la dinastía capeta está ya afianzada, aunque no sin tensiones. En 996, la muerte de Eudes de Chartres, uno de los príncipes más poderosos del reino, modifica los equilibrios políticos. Su desaparición deja a su viuda Berta de Borgoña en una situación delicada, pronto en el centro de una crisis dinástica.
El rey asociado Roberto se enamora de Berta y desea casarse con ella. Este proyecto provoca tensiones con su padre Hugo Capeto. Detrás de la cuestión personal se perfila ya una dificultad política: el control del matrimonio real y, por tanto, de las alianzas de la dinastía. Roberto, casado hasta entonces con Rozala, busca liberarse de una unión que se ha vuelto poco útil, pero su elección de Berta abre un nuevo asunto delicado.
En el verano de 996, Hugo, enfermo, realiza según la tradición una peregrinación a Souvigny, hasta la tumba de Mayeul de Cluny. Este gesto, ya sea histórico en todos sus detalles o amplificado por la memoria monástica, corresponde bien a la imagen de una realeza que busca en el apoyo de los medios reformadores una legitimidad espiritual.
Hugo Capeto muere el 24 de octubre de 996. Su reinado no fue el de una monarquía conquistadora. No sometió a los grandes principados ni restauró el antiguo poder carolingio. Pero logró lo esencial: hacer aceptar su elección, neutralizar al último gran rival carolingio y asegurar la transmisión del poder a su hijo.
Roberto II le sucede sin ruptura mayor. Esta continuidad constituye la verdadera victoria de Hugo. La dinastía capeta, todavía frágil, queda desde entonces enraizada. El resto del reinado de Roberto mostrará que todo queda por consolidar, pero el principio dinástico, por su parte, ha sobrevivido a su fundador.
🔍 Zoom – 996: transmitir la corona, fundar una larga duración
Francia a finales del siglo X: Bourrichon, CC BY-SA 3.0 https://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0, vía Wikimedia Commons
Coronación de Hugo Capeto en 987: Bibliothèque nationale de France, dominio público, vía Wikimedia Commons
Hugo Capeto asiste a la deposición del arzobispo Arnulfo de Reims: Jean Fouquet, dominio público, vía Wikimedia Commons
Eudes de Blois huye disfrazado de pastor: AnonymousUnknown author, dominio público, vía Wikimedia Commons
La separación de Roberto el Piadoso y Berta: Jean-Paul Laurens, dominio público, vía Wikimedia Commons </content> </invoke>