Hugo Capeto: nacimiento de la dinastía capeta (987–996) · PLENA EDAD MEDIA
A finales del siglo X, las guerras privadas se multiplican: querellas de señores, incursiones locales, violencias contra los campesinos y los clérigos. La realeza, débil en medios, no puede impedirlo todo. La Iglesia propone entonces una respuesta: la paz de Dios.
La paz de Dios no es un tratado entre Estados: es un movimiento religioso y social. Los concilios condenan ciertas violencias, protegen a los no combatientes y amenazan con sanciones espirituales a quienes las transgreden.
Para un rey capeto de medios limitados, el movimiento resulta útil: puede presentarse como garante del orden cristiano y apoyarse en la red de obispos para pacificar sin necesidad de un ejército permanente.
La paz de Dios no suprime la guerra: la recalifica, la canaliza y crea una norma. Es uno de los elementos que estructuran progresivamente el orden feudal del siglo XI.