Hugo Capeto: nacimiento de la dinastía capeta (987–996) · PLENA EDAD MEDIA
Hugo Capeto no ha ganado un trono hereditario: ha ganado una elección. Para hacer duradero el nuevo régimen, debe evitar que a su muerte los grandes repitan la misma operación y elijan a otro rey.
Desde 987, Hugo quiere que su hijo Roberto (el futuro Roberto II el Piadoso) sea consagrado con el fin de instaurar una continuidad. Pero el arzobispo Adalberón de Reims, muy vinculado a las redes otonianas, duda: una dinastía capeta duradera sería un competidor más difícil de contener que una alternancia de familias.
Hugo obtiene finalmente la consagración alegando la urgencia: recibe una petición de ayuda del conde Borrell II de Barcelona, tras la incursión de Almanzor. Si debe partir a combatir, necesita un sucesor ya reconocido por si la expedición sale mal. Adalberón cede y Roberto es consagrado en la Navidad de 987, con unos quince años de edad.
Asociado a la corona (rex designatus), Roberto asiste a su padre:
Roberto preside o dirige asambleas eclesiásticas en el curso de la década de 990, como en Verzy (991) o en Chelles (994), lo que refuerza la imagen de una realeza protectora de la Iglesia. A la inversa, Hugo suele presentarse como poco letrado, gobernando más en lengua romance que en latín culto.
Hugo sueña con un matrimonio bizantino para dar un prestigio universal a la nueva dinastía. El proyecto fracasa: Roberto se casa entonces con Rozala de Italia, viuda de Arnulfo II de Flandes, emparentada con la tradición carolingia. La diferencia de edad es considerable; la unión no da heredero y Roberto la repudia hacia 991/992.