Juan II el Bueno: cautiverio, crisis interior y tratado de Bretigny (1350–1364) · LA GUERRA DE LOS CIEN AÑOS
A comienzos del reinado, Juan II intenta recuperar el control de dos palancas esenciales: la economía urbana (precios, salarios, trabajo) y el ejército (disciplina, pago, encuadramiento). La guerra y la peste han debilitado el orden social; gobernar es también regular.
La peste ha reducido la mano de obra y desestabilizado los precios. El 30 de enero de 1351, una ordenanza busca contener los efectos de esta tensión:
Estas políticas apuntan a estabilizar, pero afectan directamente a los equilibrios sociales y también alimentan resistencias.
En abril de 1351, Juan II promulga ordenanzas para mejorar la organización y la disciplina de un ejército debilitado por los reveses:
Estos textos testimonian una voluntad de pasar de una movilización feudal fragmentada a un dispositivo más coherente, mejor controlado por la corona.
La resistencia de la nobleza y las divisiones políticas limitan la aplicación de las ordenanzas. Una parte de los grandes señores, celosos de su autonomía y de sus derechos de mando, se resiste a servir bajo una vigilancia real más estricta o a combatir en marcos donde la jerarquía está encuadrada. En la práctica, algunos capitanes aplican las reglas, otros las ignoran.
Las restricciones financieras agravan esta dificultad: sin soldadas regulares, el control de la disciplina y la fidelización de las tropas se vuelven más difíciles, y el Estado recae a menudo en levas y arreglos.
En 1356, la derrota de Poitiers pone en evidencia estas fragilidades: mando disputado, disciplina táctica desigual, cohesión imperfecta y dificultad para imponer una conducta de batalla coordinada frente a un ejército inglés más coherente, apoyado en sus arqueros y en una postura defensiva.