Juan II el Bueno: cautiverio, crisis interior y tratado de Bretigny (1350–1364) · LA GUERRA DE LOS CIEN AÑOS
Juan II intenta a veces absorber a Carlos II de Navarra en el orden político del reino. La idea es simple: otorgar cargos, honores y vínculos familiares para neutralizar a un rival. Pero el compromiso sigue siendo frágil, pues no resuelve ni los litigios territoriales ni la cuestión del consejo real.
Juan II nombra a Carlos de Navarra lugarteniente en Languedoc y busca conciliarse con él. En 1352, le entrega a su hija Juana en matrimonio, con una dote considerable (prometida por un monto de 100 000 escudos). El gesto busca convertir al navarro en yerno del rey más que en pretendiente.
Pero el dinero llega mal: reunir una suma semejante implica decisiones fiscales y monetarias, y los retrasos alimentan la desconfianza.
Pero la integración es incompleta: Carlos y sus partidarios permanecen al margen del consejo, mientras que el favorito Carlos de la Cerda gana influencia y trabaja para debilitar las redes navarras.
La rivalidad personal se vuelve política. A finales de 1353, un altercado enfrenta a Felipe de Navarra (hermano del rey de Navarra) y a Carlos de la Cerda en la corte. El episodio muestra que el enfrentamiento ya no es solamente diplomático: fractura a la nobleza y hace plausible la violencia.
En esta guerra de facciones, los rumores se convierten en armas: se intenta deslegitimar al adversario mediante el escándalo y la insinuación, como ya se hace en otras crisis del siglo.