Juan II el Bueno: cautiverio, crisis interior y tratado de Bretigny (1350–1364) · LA GUERRA DE LOS CIEN AÑOS
Entre 1353 y 1355, la crisis navarra se precipita hacia la violencia abierta. El favorito real se convierte en el blanco, y luego la diplomacia impone al rey de Francia concesiones humillantes. Esta secuencia muestra la debilidad de un Estado en guerra: la monarquía debe evitar el estallido interior tanto como al enemigo exterior.
El expediente bretón pesa sobre los equilibrios: bajo presión diplomática, unas negociaciones involucran a ingleses, franceses y bretones. Carlos de la Cerda participa en las discusiones, mientras que Carlos II de Navarra queda al margen, lo que amenaza su estrategia: una paz franco-inglesa reduciría sus opciones de alianza.
El 8 de enero de 1354, Carlos de la Cerda es asesinado en L’Aigle por hombres vinculados al rey de Navarra. Carlos II asume la responsabilidad política del acto y lo justifica como un asunto de honor. Para Juan II, es un golpe: su favorito ha sido abatido, y la autoridad real parece impotente para proteger a los suyos.
La crisis normanda y la amenaza de un embrasamiento obligan a Juan II a transigir. El tratado de Mantes (22 de febrero de 1354) otorga a Carlos de Navarra tierras y prerrogativas importantes en Normandía, hasta el punto de darle palancas comparables a las de un duque, sin el título.
El navarro obtiene en particular plazas y derechos que refuerzan su autonomía, hasta incluir puntos de apoyo marítimos como Cherburgo. Para el rey de Francia, es una concesión estratégica: evita una coalición inmediata, pero fragiliza la unidad del mando en Normandía.
Un lecho de justicia confirma el arreglo: la sanción política es mínima en relación con la gravedad del asesinato.
La confianza está rota. Las tensiones se prolongan: llamamientos a apoyos exteriores, intentos de neutralización, desplazamientos, arresto de Felipe de Navarra (1355) y rearme de plazas normandas. Finalmente, el tratado de Valognes (10 de septiembre de 1355) reafirma la lógica de compromiso: el rey valida lo esencial de Mantes, al no poder imponer una solución de fuerza.