19 de septiembre de 1356: batalla de Poitiers (Nouaillé‑Maupertuis)

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Juan II el Bueno: cautiverio, crisis interior y tratado de Bretigny (1350–1364) · LA GUERRA DE LOS CIEN AÑOS

En 1356, la guerra se reanuda en forma de grandes cabalgadas. El Príncipe Negro devasta el país y busca evitar la batalla campal: la estrategia inglesa consiste en obligar al adversario a atacar una posición elegida, bajo el fuego del arco largo, para luego contraatacar.


🐎 La campaña de 1356: saqueo y persecución

En el verano de 1356, el Príncipe Negro parte de nuevo desde Guyena para una nueva campaña. Fracasa ante Bourges, pero toma Vierzon y su guarnición es masacrada. Cargado de botín, el ejército inglés intenta regresar a Burdeos.

Juan II se lanza en su persecución con un ejército más numeroso, dominado por la caballería pesadamente armada. Lo que está en juego no es solo militar: la nobleza quiere restaurar su prestigio tras Crécy y responder a la acusación implícita de impotencia para proteger el país.


⛪ Mediación y preparación inglesa

Antes del enfrentamiento, una mediación intenta obtener una tregua breve. Este plazo beneficia a los ingleses: se atrincheran y preparan posiciones defensivas. El arco largo, por su cadencia de tiro, desempeña un papel central en esta “guerra de contención” en la que el asaltante paga caro el asalto.


⚔️ Desorden francés y choque de las vanguardias

En la mañana del 19 de septiembre de 1356, un movimiento inglés es interpretado de manera contradictoria por los jefes franceses. Dos mariscales discrepan sobre la conducta a seguir y emprenden la acción sin una coordinación completa.

Los combates se inician en malas condiciones: ataques por caminos encajonados, líneas mal alineadas, y pérdidas cuantiosas bajo el fuego de los arqueros. Los cuerpos de batalla se comprometen luego de forma desordenada, lo que amplifica la ventaja inglesa.


👑 El rey a pie, la captura, y la imagen del “rey‑caballero”

Para reducir la vulnerabilidad de los caballos, el rey ordena desmontar y combate cuerpo a cuerpo. Pone a salvo a sus hijos, conservando junto a sí solo al más joven, Felipe, quien gana entonces su apodo de “el Atrevido”.

Juan II es finalmente hecho prisionero junto con su hijo. La derrota es un desastre político, pero la resistencia del rey hasta el final alimenta una imagen duradera: la de un soberano caballeresco, heroico a pesar del fracaso.


🧠 A retener

  • Poitiers es a la vez una derrota militar y una crisis de soberanía.
  • El combate revela divisiones de mando y fragilidades tácticas francesas.
  • La captura del rey desencadena una cadena de crisis (finanzas, Estados, París).