Juan II el Bueno: cautiverio, crisis interior y tratado de Bretigny (1350–1364) · LA GUERRA DE LOS CIEN AÑOS
Tras Brétigny, Juan II debe gobernar un reino frágil, extenso, y atravesado por crisis de seguridad. Una respuesta consiste en delegar una parte del ejercicio del poder en sus hijos, evitando al mismo tiempo la fragmentación irreversible del dominio.
Juan II divide el espacio de gobierno en principados confiados en apanaje a sus hijos:
El apanaje busca asegurar la autoridad, la presencia y la defensa local mediante príncipes de sangre, en un contexto en el que la administración central no siempre tiene los medios para mantenerse presente en todas partes.
En diciembre de 1360, el rey revoca las enajenaciones del dominio real realizadas desde Felipe el Hermoso, con excepción de las concedidas en beneficio de sus hijos. La operación tiene un doble efecto: