Juan II el Bueno: cautiverio, crisis interior y tratado de Bretigny (1350–1364) · LA GUERRA DE LOS CIEN AÑOS
La paz de 1360 no pone fin a las rivalidades principescas. Una crisis de sucesión en Borgoña ofrece al rey una ocasión de reforzar la dinastía, al tiempo que neutraliza una palanca política potencial para Navarra.
El ducado de Borgoña pertenece al joven Felipe de Rouvres. En 1361, muere sin heredero, al término de un año marcado por el rebrote de episodios de peste y por el debilitamiento del campo.
A la muerte del duque, Juan II reivindica el ducado de Borgoña. Esta recuperación es también un acto político: impide que un gran apanaje caiga en el juego de las facciones y reduce un ángulo de ataque para Carlos II de Navarra, que busca multiplicar sus puntos de apoyo dinásticos.
En 1363, el rey da Borgoña a su último hijo, Felipe, ya apodado “el Atrevido” desde Poitiers. Este gesto funda el poder de los Valois‑Borgoña, llamados a desempeñar un papel importante en la política francesa y europea de finales de la Edad Media.