Juan II el Bueno: cautiverio, crisis interior y tratado de Bretigny (1350–1364) · LA GUERRA DE LOS CIEN AÑOS
La tregua surgida de Bretigny tiene un efecto perverso: miles de combatientes se quedan sin soldada. Bandas estructuradas, llamadas Grandes Compañías, viven del país, ocupan plazas, saquean los caminos y paralizan la economía. La guerra se convierte en una inseguridad permanente.
A menudo ingleses o gascones, estos grupos se reclaman de Inglaterra o de Navarra según la oportunidad. Sirven a las rivalidades: Eduardo III puede dejar actuar a mercenarios bajo colores navarros, lo que alimenta la hostilidad popular hacia los “ingleses” y también desacredita a Carlos II de Navarra, percibido como cómplice.
Algunos capitanes se apoderan de fortalezas por cuenta propia. El torreón de Rolleboise se convierte en un ejemplo célebre: controlar una plaza es controlar un eje de circulación y, por tanto, cobrar peajes, rescates y tributos. Las compañías también se instalan en rutas importantes, en particular los valles del Saona y del Ródano, corredor comercial norte-sur reforzado por la presencia pontificia en Aviñón.
Se intenta comprarlas: cobran a menudo sin marcharse. Se intenta emplearlas en otro sitio: regresan. Se intenta enfrentarlas entre sí: la estrategia fracasa.
El 6 de abril de 1362, las tropas reales son derrotadas en Brignais. La derrota ilustra los límites de un ejército que depende de reclutamientos frágiles: los contingentes mercenarios pueden abandonar el campo de batalla, y la victoria se convierte en colapso.
El episodio también tiene un coste político: hay que pagar rescates para liberar a personajes capturados, como Guillermo de Melun.