Juan II el Bueno: cautiverio, crisis interior y tratado de Bretigny (1350–1364) · LA GUERRA DE LOS CIEN AÑOS
Tras Bretigny, Juan II debe enfrentar dos urgencias: pagar el rescate y recuperar el control de un reino devastado por las compañías. Una solución soñada sería transformar la inseguridad en una expedición exterior, obteniendo a la vez una financiación pontificia.
Juan II se dirige a Aviñón para solicitar la ayuda pontificia. También espera concertar un gran matrimonio para su hijo Felipe. Pero el papado cambia de manos: los proyectos chocan con las restricciones políticas y financieras, y la unión prevista no se concreta.
El papa Urbano V imagina una solución: enviar a las compañías a una cruzada, lo que aliviaría a la vez a Francia y al espacio pontificio. Juan II queda seducido: una expedición permitiría reconquistar el honor, y espera captar parte de la financiación eclesiástica.
El 30 de marzo de 1363, recibe la cruz en Aviñón. Pero el papado encuadra estrictamente la recaudación de fondos, lo que reduce el margen de maniobra del rey.
El rescate sigue siendo difícil de pagar y la liberación de los rehenes se demora. Juan II reúne a los Estados en Amiens a finales de diciembre de 1363 y anuncia su decisión de regresar a Inglaterra para renegociar, en un contexto en el que algunos rehenes se fugan.
Juan II parte hacia Londres el 3 de enero de 1364. Muere el 8 de abril de 1364, en el hotel de Saboya. Las fuentes no permiten establecer con certeza una causa única: la enfermedad y el agotamiento del cautiverio son explicaciones plausibles.
El cuerpo es devuelto al reino a principios de mayo: es expuesto y luego enterrado en Saint-Denis, necrópolis real.