Juan II el Bueno: cautiverio, crisis interior y tratado de Bretigny (1350–1364) · LA GUERRA DE LOS CIEN AÑOS
El tratado de Brétigny (1360) marca una pausa importante en la primera fase de la guerra de los Cien Años. Para liberar a Juan II y estabilizar el reino, Francia acepta una paz muy costosa.
Tras Poitiers, la monarquía negocia bajo coacción: el cautiverio del rey, los proyectos de paz discutidos en Londres y el agotamiento provocado por las cabalgadas hacen necesaria una salida provisional. La paz se construye, pues, tanto en el campo de batalla como en la crisis interior.
🔍 Zoom – 1356–1360: cautiverio de Juan II, tratados de Londres y marcha hacia Brétigny
El tratado redibuja el mapa de la soberanía. Inglaterra obtiene un vasto principado en plena soberanía en el oeste y el suroeste, en torno a Guyena/Gascuña, y conserva puntos clave como Calais. A ello se añaden regiones y conjuntos territoriales que refuerzan de manera duradera el dominio inglés (Poitou, Périgord, Limousin, Angoumois, Saintonge, Agenais y territorios vecinos).
En espejo, Eduardo III renuncia a varias pretensiones y, sobre todo, a reivindicar la corona de Francia: el acuerdo busca desactivar el núcleo del conflicto separando la soberanía territorial de la reivindicación dinástica.
El rescate real pesa sobre las finanzas: obliga a recaudar recursos y a organizar transferencias. En el acuerdo, el rescate se fija en torno a tres millones de escudos, garantizados por rehenes entregados a Inglaterra.
La paz no borra las tensiones sociales: las desplaza hacia la cuestión fiscal, la gestión de la moneda y la capacidad del Estado para pagar sin provocar una explosión política.
Brétigny abre una tregua de aproximadamente nueve años. Pero el rescate se paga mal, las fronteras siguen siendo disputadas y la guerra continúa bajo otras formas (compañías, incursiones, presiones diplomáticas) antes de la reanudación abierta del conflicto.