Juan II el Bueno: cautiverio, crisis interior y tratado de Bretigny (1350–1364) · LA GUERRA DE LOS CIEN AÑOS
En el verano de 1350, la monarquía valois debe asegurar una sucesión disputada: Inglaterra y Navarra mantienen sus pretensiones, mientras que la primera fase de la guerra (de Crécy a Calais) ha mermado el prestigio francés.
Felipe VI muere el 22 de agosto de 1350. En un contexto de treguas y de crisis (peste, finanzas), lo que está en juego es imponer la continuidad dinástica: la rapidez y la solemnidad de la consagración cuentan tanto como las decisiones militares.
El 29 de agosto de 1350, frente a Winchelsea, una escuadra aliada de Francia es interceptada por una flota inglesa en la que se encuentra Eduardo III. El combate es violento: el enfrentamiento se decanta a favor de los ingleses, pero a costa de pérdidas cuantiosas. En cualquier caso, el mar sigue siendo un teatro de guerra decisivo, incluso en período de tregua relativa.
Juan II es consagrado el 26 de septiembre de 1350 en la catedral de Reims, junto a su esposa Juana de Auvernia, por el arzobispo Juan II de Vienne. La entronización es seguida de una investidura masiva de caballeros: varios centenares de caballeros son armados, en una puesta en escena del orden nobiliario y de la fidelidad.
El rey elige como emblema el águila, asociada a su patrón san Juan Evangelista.
Tras la consagración, Juan II hace una entrada solemne en París con Juana de Auvernia. El aparato no es decorativo: sirve para recordar que, a pesar de las derrotas y de la crisis, la corona sigue siendo un centro de poder y de legitimidad. Los cronistas y las imágenes posteriores (como las Grandes Chroniques) subrayan esta vigilancia de los Valois frente a las impugnaciones.