Juan II el Bueno: cautiverio, crisis interior y tratado de Bretigny (1350–1364) · LA GUERRA DE LOS CIEN AÑOS
A la llegada al trono de Juan II, un segundo rival estructura la política interior: Carlos II de Navarra, llamado Carlos el Malo. Reúne un estatus principesco, posesiones en Normandía y una capacidad para federar a los descontentos, en un momento en que la monarquía busca reafirmarse.
Navarra salió de la unión personal con Francia en 1328: Juana II de Navarra, hija de Luis X, renuncia a la corona de Francia y reina en Navarra. Muere el 6 de octubre de 1349, y su hijo se convierte en Carlos II.
Carlos plantea muy pronto pretensiones sobre el trono de Francia: nieto de Luis X, se considera perjudicado por la solución de 1328, que excluye a las princesas capetas de la sucesión. Más allá de la cuestión simbólica, pesa un litigio territorial: Champaña y Brie, asociadas a la sucesión navarra, se integran al dominio real, lo que alimenta la oposición.
También posee feudos en Francia, en particular el condado de Évreux: pertenece a la nobleza normanda, en el corazón de los equilibrios militares y económicos del reino. En Normandía, familias como los Harcourt pueden servir de relevo a su influencia, frente a linajes más cercanos a la realeza.
Carlos de Navarra atrae apoyos por interés, inquietud u oposición al gobierno de los Valois:
Esta oposición no es un bloque homogéneo: se recompone según la guerra, las finanzas y las rivalidades principescas.
Juan II se apoya en redes aristocráticas leales a la realeza, y en alianzas familiares que estructuran el gobierno. Se pueden encontrar allí linajes como Melun y Tancarville, y apoyos principescos más amplios (Artois, Borbón).
En este panorama, Carlos de la Cerda se convierte en un personaje clave: cercano al rey, acumula rápidamente honores y responsabilidades. Su ascenso refuerza la autoridad real, pero aviva la rivalidad con Navarra, ya que cierra el acceso a los cargos y feudos más disputados.
Carlos no reivindica solamente derechos: quiere influir en el gobierno. Pero Juan II se apoya ante todo en sus fieles y en redes que le son favorables, lo que mantiene al navarro y a sus partidarios alejados del consejo real. En un reino disputado, estar “en el consejo” significa participar en el reparto del honor, los cargos y las decisiones.
Se comprende entonces por qué una disputa de feudos (Champaña, Angulema) puede convertirse en una crisis política: determina quién distribuye los beneficios de la guerra y quién controla los puntos de apoyo.