Política interior: gobierno, economía y sociedad

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Francisco I: el rey caballero y el Renacimiento francés (1515–1547) · RENACIMIENTO

Bajo el reinado de Francisco I, Francia conoce transformaciones importantes en su organización política, económica y social, con un refuerzo de la autoridad real y desafíos económicos crecientes.


💰 Situación económica y demográfica

Al comienzo del reinado, Francia cuenta con unos dieciocho millones de habitantes, lo que la convierte, con mucho, en el país unificado más poblado de Europa, de los cuales el ochenta y cinco por ciento vive de la tierra. La agricultura, sin embargo, sigue siendo poco productiva: apenas cinco quintales por hectárea en cereales, lo que expone regularmente al reino a la escasez. Algunos progresos hortícolas vienen, no obstante, a enriquecer el campo —introducción de zanahorias, remolachas, alcachofas, melones, coliflores o moreras, dentro de un policultivo que sigue siendo el sistema dominante—, mientras que las ciudades, por su parte, crecen al ritmo del desarrollo de la artesanía, los oficios y el comercio interior.

Luis XII había dejado a su sucesor una Francia en relativamente buena salud económica, tras haber logrado su monarquía consolidar su autoridad frente a los señores feudales, hasta el punto de inquietarse, se decía, por las tendencias ya derrochadoras de su joven sucesor. Esta inquietud resulta fundada: entre las construcciones suntuarias y las guerras incesantes, los gastos de Francisco I acaban deteriorando sensiblemente la situación financiera del reino, en una paradoja que atraviesa todo el reinado: la autoridad de la corona se consolida, mientras que sus finanzas, por su parte, se debilitan.


👑 El gobierno de Francisco I

Francisco I sienta, sin saberlo del todo, las bases de ese absolutismo que Luis XIV practicará un siglo más tarde: el jurisconsulto Charles du Moulin teoriza en la época la supremacía real, afirmando que solo el rey goza del imperium, ese poder supremo que no se comparte. A su alrededor gravita una considerable corte itinerante —entre diez mil y quince mil personas, según las estimaciones—, verdadero corazón palpitante del poder, que se desplaza con el rey entre sus distintos castillos. El gobierno se organiza en torno a varios consejos —el Gran Consejo, para los asuntos generales del reino, el Consejo de las Partes, o Consejo privado, para las cuestiones judiciales, y el Consejo estrecho, para las decisiones más importantes del Estado—, pero es el propio rey quien sigue siendo el árbitro supremo, eligiendo, ensalzando y desterrando a su antojo a sus favoritos, ministros y consejeros.

En los primeros años, Francisco I mantiene en su puesto a varios de los grandes servidores de Luis XII: La Palice y Gaspard I de Coligny siguen gozando de favor, el número de mariscales pasa a cuatro, La Trémoille conserva altas responsabilidades militares, y Florimond Robertet sigue siendo lo que ya se llamaba el «padre de los secretarios de Estado». Se rodea también de recién llegados: Artus Gouffier de Boissy, antiguo gobernador del joven rey, convertido en gran maestre; Guillaume Gouffier de Bonnivet, nombrado almirante de Francia ya en 1517; Antoine Duprat, magistrado de origen burgués convertido en canciller de Francia; y, hasta su traición, Carlos III de Borbón como condestable. Su madre, Luisa de Saboya, elevada al rango de duquesa, tiene asiento en el consejo privado y será nombrada regente en dos ocasiones durante las ausencias del rey: su influencia sobre los asuntos del reino nunca fue desdeñable. Entre los favoritos de la madurez del reinado, Anne de Montmorency ocupa un lugar aparte, gozando del favor real hasta 1541 como primer gentilhombre de la cámara del rey, mientras que Claude d’Annebault, almirante de Francia, y el cardenal de Tournon, encargado de la ejecución de las decisiones financieras, completan este círculo de consejeros de primer orden.


⛪ La relación del rey con la religión

Considerado un buen católico, Francisco I sigue una práctica religiosa asidua: reza cada mañana en su alcoba, acude a misa después del Consejo de asuntos, comulga con regularidad, sin duda menos piadoso que su hermana Margarita de Navarra, pero un practicante sincero. A su regreso de Italia en 1516, se dirige en peregrinación a la Sainte-Baume, en Provenza, hasta la tumba de María Magdalena, y más tarde aún acudirá a pie, rodeado de sus cortesanos, a rendir homenaje al Santo Sudario conservado en Chambéry.

En los primeros años del reinado, bajo la influencia de su hermana Margarita, inclinada hacia el evangelismo, el rey protege a los miembros del círculo de Meaux perseguidos por la Sorbona, y llega incluso a nombrar, por consejo de esta, a Lefèvre d’Étaples preceptor de su propio hijo Carlos. Este clima de relativa tolerancia se resquebraja a partir de 1528, cuando la Iglesia de Francia emprende acciones represivas contra los reformados, conminados a abjurar bajo pena de castigo, una evolución favorecida por los cardenales Antoine Duprat y François de Tournon, cuya influencia contrarresta la de Margarita. El propio rey se muestra implacable frente al vandalismo iconoclasta, participando en persona en las ceremonias organizadas para reparar los actos cometidos contra las imágenes sagradas, y el asunto de los Placards, en 1534, acelera todavía más la persecución de los protestantes.

Es en este contexto endurecido cuando tiene lugar, en 1545, el episodio más oscuro del reinado: la masacre de los valdenses del Luberon, adheridos a las tesis de Calvino, en los pueblos de Cabrières, Mérindol y Lourmarin. Un edicto del parlamento de Aix había ordenado su represión ya en 1540, pero Francisco I, que entonces necesitaba el apoyo de estas poblaciones frente a Carlos V, había optado primero por la temporización, llegando incluso a enviarles cartas de gracia. Es la retirada de Carlos V lo que cambia la situación: el 1 de enero de 1545, se ejecuta el edicto de Mérindol, se lanza una verdadera cruzada contra los valdenses de Provenza, las galeras de Paulin de La Garde traen tropas venidas del Piamonte, y Jean Maynier, presidente del parlamento de Aix, junto con Joseph d’Agoult, barón de Ollières, dirigen una represión de una violencia tal que conmueve hasta al propio Carlos V. Unos acuerdos secretos, ligados al tratado de Crépy-en-Laonnois, obligaban además a Francia a participar en la erradicación de la amenaza protestante, sin que ello impida a Francisco I, en una contradicción que ha quedado célebre, seguir apoyando paralelamente a los príncipes protestantes de Alemania contra el emperador.


📜 La ordenanza de Villers-Cotterêts (1539)

En 1539, firmada en el castillo de Villers-Cotterêts y redactada por el canciller Guillaume Poyet, una ordenanza viene a transformar de forma duradera la administración del reino: el francés se convierte en adelante en la lengua oficial exclusiva de la administración y de la justicia, sustituyendo al latín en todos los documentos oficiales, en un gesto de unificación lingüística del reino. El texto impone también a los sacerdotes la obligación de registrar los nacimientos y de mantener al día los registros de bautismo, el acta de nacimiento, en suma, del futuro registro civil francés. Más allá de su impacto lingüístico, considerable y duradero, esta ordenanza refuerza de manera concreta el control administrativo del Estado sobre su población, unificando las prácticas y estrechando la centralización en torno al poder real.


💰 La política financiera

Las construcciones de castillos —Chambord, Fontainebleau, y tantos otros— y el esfuerzo militar sostenido contra Carlos V abren un verdadero abismo en el Tesoro real. Para hacerle frente, Francisco I multiplica las medidas fiscales: la talla, ese impuesto pagado por los campesinos, más que se duplica bajo su reinado, mientras que la gabela, impuesto sobre la sal, se triplica sin más; el sistema aduanero se generaliza, con una extensión de la tasa interior sobre las importaciones y las exportaciones. Cabe señalar que el rey no convoca nunca los estados generales, una ruptura con la práctica de la mayoría de sus predecesores, que le deja un margen fiscal considerable, ejercido sin consulta formal.

Su política económica se acompaña también de un cierto proteccionismo: unos derechos de aduana protegen la naciente industria de la seda lionesa, mientras que la exportación de productos alimenticios se grava por temor a la escasez interior. En el plano administrativo, el sistema de recaudación de la gabela mediante arrendamiento se extiende, mejorando la recaudación del impuesto, y sobre todo, en 1523, la creación del Tesoro del Ahorro —una caja única que reagrupa las diez recaudaciones generales del reino— viene a racionalizar el conjunto de las finanzas del Estado, reduciendo errores y duplicidades a la vez que adapta mejor las exacciones a las necesidades reales.

Ante la falta de recursos suficientes, el rey recurre también a expedientes más originales: venta de piedras preciosas procedentes de las joyas de la Corona, enajenación de dominios reales, y sobre todo el desarrollo de la venalidad de los cargos, que permite tanto a burgueses como a nobles adinerados acceder, mediante pago, a altas funciones —notariado, secretaría de la Cancillería de París—, un sistema que a largo plazo debilitará la administración real, pero que en lo inmediato sanea las arcas. El 21 de mayo de 1539, el edicto de Châteaurenard instituye incluso, siguiendo el modelo de las «blancas» italianas, la primera lotería estatal de la historia de Francia. Estas prácticas financieras no están exentas de escándalo: Jacques de Beaune, principal intendente de las finanzas desde 1518, es arrestado en 1527 por concusión, acusado de haber desviado fondos destinados a la campaña de Italia de 1524, y termina ejecutado en la horca de Montfaucon, aunque su proceso revela, a posteriori, que aparecía también como uno de los principales acreedores del rey, mientras que otros acreedores, menos visibles, escapan a toda persecución.


🗺️ Feudos reunidos a la corona

El reinado ve también cómo la corona se enriquece con varios territorios. El condado de Angulema, erigido en ducado para Luisa de Saboya, revierte a la corona en 1531, tras la muerte de esta. La traición del condestable de Borbón, en 1523, acarrea la confiscación de su ducado del Borbonesado, así como de los condados de Auvernia, Clermont, Forez, Beaujolais, la Marche, Mercœur y Montpensier, una confiscación definitivamente ratificada en 1530. En 1525 se añaden el ducado de Alençon y los condados del Perche, Armagnac y Rouergue, y luego, en 1531, el Delfinado de Auvernia.

La adquisición más simbólica sigue siendo, sin embargo, la de Bretaña. La incorporación del ducado a Francia, iniciada ya en 1491 con el matrimonio de Ana de Bretaña, no era todavía, a la muerte de Luis XII en 1515, más que una unión personal y no real. Francisco I se casa en 1514 con Claudia de Francia, hija de Ana de Bretaña, pero no pasa de ser su usufructuario, sin llegar a ser su propietario, pues Luis XII había tenido buen cuidado de reservar los derechos de Renata de Francia; Claudia muere en 1524 sin que la cuestión quede resuelta. El rey confía la administración del ducado a Antoine Duprat, enviado allí ya en 1514 y convertido en canciller de Bretaña en 1518, un período de paz y de relativa prosperidad, apenas perturbado por algunas incursiones inglesas, como la de Morlaix en 1522. Es en 1532, con la mayoría de edad del duque-delfín, cuando la cuestión se resuelve por fin: reunidos en Vannes a principios de agosto, a los estados de Bretaña se les reclama una unión perpetua a cambio del respeto de sus privilegios, sin que el lugarteniente del rey, René de Montejean, dude en amenazar con la fuerza en caso de negativa, pese a la protesta de diputados nanteses como Julien Le Bosec y Jean Moteil. Se encuentra un compromiso —abandono de la soberanía bretona, pero mantenimiento de una administración autónoma—, y el 13 de agosto de 1532, el edicto de unión adjunta definitivamente Bretaña a la corona de Francia, haciéndola pasar del estatuto de principado al de simple posesión real; ya al día siguiente, el 14 de agosto, el hijo del rey es coronado en Rennes bajo el título de Francisco III de Bretaña. La dote de Claudia de Francia, por su parte, aporta a la corona el condado de Blois, el Soissonnais, los señoríos de Coucy y de Aste, así como el condado de Montfort.

En conjunto, las conquistas exteriores del reinado siguen siendo modestas: la conquista inicial del Milanesado, las adquisiciones temporales de Saboya y del Piamonte, y el fracaso de las reivindicaciones sobre Nápoles, un reinado, en definitiva, bastante pobre en conquistas exteriores duraderas, lo que compensa ampliamente, en el plano interior, la ampliación territorial del propio reino.


⚰️ Últimos años y muerte

A partir de finales de la década de 1530, la salud del rey se deteriora claramente: un considerable aumento de peso se acompaña de una fístula —un absceso situado entre el ano y los testículos, que entonces se llamaba «absceso en las partes»—, que le obliga a abandonar el caballo por una litera, mientras su estado empeora año tras año, hasta llegar a una fiebre que se vuelve casi continua. El 31 de marzo de 1547, a las dos de la tarde, Francisco I se extingue en el castillo de Rambouillet, a los cincuenta y dos años, asistido por su capellán Pierre Duchâtel. El diagnóstico paleopatológico establecido a partir del informe de autopsia sugiere una septicemia desarrollada a partir de la fístula vesicoperineal, complicada por una grave nefritis ascendente. Su segundo hijo, Enrique II, le sucede y prosigue, en sus grandes líneas, la política paterna.

Hasta el final de su agonía, el rey sigue siendo capaz de gobernar: hace venir a su hijo a su lecho para transmitirle lo que se llamará su testamento político, asegurando así una transmisión organizada del poder. El pintor François Clouet, por último, esboza a la sanguina el rostro del rey ya anciano, con vistas a la realización, según la costumbre, de una efigie mortuoria de cera.


🧠 Para recordar

  • 1515: Francia cuenta con unos 18 millones de habitantes, el país más poblado de Europa
  • Gobierno: consejos reales (Gran Consejo, Consejo privado, Consejo estrecho), autoridad personal del rey, bases teóricas del absolutismo sentadas por Charles du Moulin
  • 1523: creación del Tesoro del Ahorro, centralización de las finanzas reales
  • 1539: ordenanza de Villers-Cotterêts, el francés se convierte en lengua oficial, primeros pasos del registro civil; creación de la primera lotería estatal
  • 1532: unión definitiva de Bretaña a la corona de Francia
  • 1545: masacre de los valdenses del Luberon, episodio más oscuro del reinado
  • 31 de marzo de 1547: muerte de Francisco I en Rambouillet, sucesión de Enrique II
  • Un reinado que refuerza de forma duradera la autoridad y la administración reales, al precio de unas finanzas exangües y de contradicciones religiosas nunca resueltas

Próximo zoom: Las relaciones internacionales y la diplomacia de Francisco I.