1521–1526: la primera guerra contra Carlos V y el cautiverio en Madrid

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Francisco I: el rey caballero y el Renacimiento francés (1515–1547) · RENACIMIENTO

La primera guerra entre Francisco I y Carlos V (1521-1526) termina con la derrota francesa de Pavía (1525) y el cautiverio del rey en Madrid, marcando un punto de inflexión en la rivalidad franco-habsbúrgica.


🗺️ Contexto del conflicto

La rivalidad nacida de la elección imperial de 1519 no podía tardar en tener consecuencias militares: entre Francia y el Imperio de Carlos V no faltaban motivos de fricción —el Milanesado, Borgoña, Navarra—, y el fracaso del acercamiento anglofrancés sellado en el Campo del Paño de Oro, seguido ya en 1521 por el tratado de Brujas que une a Inglaterra y España contra Francia, acaba por hacer inevitable la guerra. Francisco I entra en el conflicto apoyado por Venecia y, en un primer momento, por el papa León X, así como por varios príncipes alemanes; Carlos V, por su parte, se apoya en la Inglaterra de Enrique VIII, en el papado —que acaba volviéndose contra Francia— y en los cantones suizos.


⚔️ Las campañas militares (1521-1524)

Las hostilidades se abren en 1521 en varios frentes a la vez. Al norte, Robert III de La Marck lanza una ofensiva sobre el Mosa; al sur, un ejército dirigido por André de Foix intenta, sin éxito, reconquistar el reino de Navarra en nombre de Enrique II de Navarra; en las Ardenas, Bayardo, sitiado en Mézières, resiste sin capitular pese a los bombardeos y los asaltos de las fuerzas imperiales de Franz von Sickingen y Felipe I de Nassau. En el frente italiano, donde lo que está en juego es la defensa del Milanesado, el mando recae en Odet de Foix, vizconde de Lautrec, frente a las tropas imperiales de Prospero Colonna y Francesco II Sforza. Pero el 27 de abril de 1522, en la batalla de la Bicoca, cerca de Milán, quince mil franceses son aplastados por dieciocho mil imperiales; la provincia, ya agotada por la administración opresiva de Lautrec, se subleva, y el ejército francés debe retirarse, perdiendo el Milanesado.

El año siguiente trae un golpe aún más duro: en 1523, Carlos III de Borbón, condestable de Francia y uno de los mayores señores del reino, enfrentado desde su viudez de 1521 a las maniobras de Francisco I y de Luisa de Saboya en torno a la herencia del Borbonesado, se siente demasiado mal recompensado para permanecer fiel. Pasa al servicio de Carlos V, que lo nombra su teniente general, una deserción que retrasa la contraofensiva francesa sobre Milán y priva al rey de un comandante experimentado, al tiempo que supone un golpe moral considerable. En 1524, Guillaume Gouffier de Bonnivet toma el mando del ejército encargado de reconquistar Milán; se enfrenta a Borbón, resulta herido, y debe retirarse hasta el Sesia, donde, el 30 de abril de 1524, el ejército imperial de Carlos de Lannoy inflige una nueva derrota a los franceses. Bonnivet, herido, había confiado su retaguardia a Bayardo: el viejo caballero encuentra la muerte ese mismo día, dejando el camino libre a una invasión imperial por la ruta de Lyon, que Borbón había recomendado. Carlos V opta finalmente por atacar por Provenza: el asedio que pone ante Marsella, en el verano de 1524, fracasa sin embargo, resistiendo las defensas de la ciudad.


🏰 La batalla de Pavía (24 de febrero de 1525)

Aprovechando este fracaso imperial ante Marsella, Francisco I retoma la iniciativa y conduce en persona a su ejército más allá de los Alpes, llegando ya el 28 de octubre de 1524 ante los muros de Pavía, defendida por Antonio de Leyva y pronto reforzada por el virrey de Nápoles, Carlos de Lannoy. El rey compromete allí a veintiocho mil hombres, entre ellos seis mil mercenarios suizos, contra veintitrés mil imperiales, entre los que se cuentan doce mil lansquenetes alemanes, pero, mal aconsejado por Bonnivet y contra el parecer de Louis de La Trémoille, precipita el enfrentamiento el 24 de febrero de 1525. La artillería francesa, mal situada, debe cesar el fuego para no disparar contra sus propias filas, y el ejército no puede resistir el contraataque imperial. Bonnivet, La Palice y La Trémoille mueren; el propio rey, herido en el rostro y en la pierna, sigue combatiendo hasta que la situación se vuelve insostenible. Hacia el mediodía, entrega su espada al caballero Carlos de Lannoy, tercer soberano francés, tras Juan II el Bueno, capturado en un campo de batalla, y es de ese instante de donde la tradición conserva la frase que había de hacerse proverbial: «Todo está perdido, salvo el honor». Del lado francés se cuentan entre ocho mil y diez mil muertos y la pérdida de toda la artillería; del lado imperial, entre mil quinientos y dos mil. Francisco I es retenido primero en la fortaleza de Pizzighettone.


🏛️ El cautiverio en Madrid (1525-1526)

Desde Pavía, el rey prisionero es conducido por etapas hasta España —Génova, Barcelona, Valencia y después Madrid, a partir de junio de 1525— en un viaje de varios meses en el que, pese a su cautiverio, suscita por doquier curiosidad y cierto respeto popular. En Madrid es encerrado en una torre del Alcázar que domina el Manzanares: trato correcto pero vigilancia constante, visitas estrictamente limitadas. Es allí donde se anuda un episodio que quedaría célebre: Leonor de Habsburgo, hermana de Carlos V, sube a menudo las escaleras de la torre para contemplar, a veces durante horas, a este rey cautivo del que se enamora, llegando a escribir a Luisa de Saboya para asegurarle que, si pudiera, ella misma liberaría a su hijo. Francisco I, por su parte, trata de aliviar su soledad mediante una correspondencia constante con su amante, la condesa de Châteaubriant, mientras sus heridas sanan lentamente y su moral, puesta a prueba por el aislamiento y por problemas de salud recurrentes, se mantiene muy baja.

Las negociaciones avanzan mientras tanto entre Madrid y París, donde Luisa de Saboya, convertida en regente, y el canciller Antoine Duprat intentan obtener la liberación del rey. Carlos V fija sus condiciones: renuncia a toda pretensión italiana, cesión de Borgoña, matrimonio de Francisco con Leonor, pago de un rescate considerable, entrega de los hijos del rey como rehenes. Francisco I rechaza al principio estas condiciones demasiado duras, intenta suavizarlas, gana tiempo con la esperanza de un socorro, pero la prueba del cautiverio acaba por vencer su resistencia.


📜 El tratado de Madrid (14 de enero de 1526)

Firmado el 14 de enero de 1526, el tratado de Madrid impone a Francia condiciones extremadamente duras. En el plano territorial, Francisco I renuncia a sus pretensiones sobre Italia, Flandes y Artois, cede Borgoña a Carlos V y restituye todos los territorios conquistados desde 1521. En el plano personal, se compromete a casarse con Leonor de Habsburgo y entrega a sus dos hijos mayores, Francisco y Enrique, como rehenes, a cambio de un rescate de dos millones de escudos de oro. En el plano político, una alianza perpetua debía unir a Francia y al Imperio, comprometiéndose incluso Francisco I a apoyar a Carlos V contra los turcos.

La ceremonia solemne de la firma no deja de ser, sin embargo, una firma forzada, y la noticia se recibe en Francia con indignación: el parlamento se niega a registrar la cesión de Borgoña, Luisa de Saboya busca ya resquicios jurídicos, y si el pueblo apoya a su rey, rechaza masivamente las condiciones del tratado.


🏰 El regreso a Francia y la ruptura del tratado

El 17 de marzo de 1526, Francisco I es por fin liberado, intercambiado por sus dos hijos, el delfín Francisco y Enrique, futuro Enrique II, un intercambio acompañado de juramentos y garantías, y seguido de un regreso triunfal a suelo francés. Durante su cautiverio, el rey había hecho el voto de emprender, si recobraba la libertad, una peregrinación a Nuestra Señora del Puy-en-Velay y a la basílica de Saint-Sernin de Toulouse; cumplirá esta promesa en 1533, acogido con júbilo en numerosas ciudades de provincia. De vuelta, el rey es celebrado como un héroe cuyo valor se exalta, aunque, entre bastidores, el reino sale de la prueba debilitado y muy endeudado.

Francisco I no tarda en desdecirse. Argumenta que un tratado firmado bajo coacción es nulo en derecho, que Borgoña no puede cederse sin el consentimiento de sus estados —que, el 8 de junio de 1526, declaran solemnemente su voluntad de seguir siendo franceses—, y que el interés del reino prevalece sobre un compromiso arrancado por la fuerza: es el argumento medieval de la «lesión enorme». El 22 de mayo de 1526, convoca los Estados Generales en Cognac y sella allí la liga de Cognac, alianza formada con Inglaterra, el papa y varias principados italianos —Milán, Venecia, Florencia—, con el objetivo explícito de romper la hegemonía de los Habsburgo en Europa. La ruptura del tratado de Madrid hace desde entonces inevitable una nueva guerra.


⚔️ La segunda guerra (1527-1529) y la Paz de las Damas

Esta séptima guerra de Italia alcanza su episodio más dramático el 6 de mayo de 1527: el condestable de Borbón, ya al servicio de Carlos V, muere al dirigir el asalto sobre Roma, y sus tropas, como para vengar su muerte, entregan la ciudad a un saqueo de una violencia inaudita. Ambos bandos se enfrentan después en Italia en una sucesión de éxitos y reveses, sin que ninguno logre imponerse de forma decisiva, hasta que, una vez más, la diplomacia toma el relevo de los ejércitos: Margarita de Austria, tía de Carlos V y regente de los Países Bajos, y Luisa de Saboya, madre de Francisco I, emprenden las negociaciones que desembocan, el 3 de agosto de 1529, en la paz de Cambrai, recordada en la historia como la Paz de las Damas.

El nuevo tratado retoma algunas cláusulas del de Madrid —matrimonio de Francisco I con Leonor de Habsburgo, rescate de dos millones de escudos de oro, cerca de siete toneladas de oro—, pero se distingue de él en un punto capital: Francia recupera Borgoña, renunciando solo a Artois, Flandes y sus pretensiones italianas. Los hijos del rey quedan libres en cuanto se paga el rescate, y Francisco I se casa con Leonor al año siguiente, en 1530. Para Francia es un éxito diplomático real —se salva Borgoña, regresan los príncipes, se preserva el equilibrio europeo—, mientras que Carlos V, por su parte, debe resignarse a tratar con una Francia que sigue siendo, pese a la derrota de Pavía, una potencia de primer orden. La rivalidad entre ambos soberanos, sin embargo, no queda en absoluto resuelta: la Paz de las Damas no hace sino establecer, durante algunos años, un equilibrio tan precario como provisional.


📜 Una derrota que marca el reinado

Con la distancia, la derrota de 1525 se explica por un conjunto de causas más que por un simple golpe de mala suerte: una persistente subestimación del poderío imperial, la dispersión de las fuerzas francesas en varios frentes a la vez, la pérdida, con la traición de Borbón, de un comandante de primer orden, problemas logísticos recurrentes en Italia, y, en la propia Pavía, una artillería mal situada y decisiones tácticas discutibles. Pero la prueba, por dura que fuera, no quiebra a Francisco I: su prestigio personal, dañado por la captura, sobrevive gracias a la imagen de valor que supo conservar incluso en la derrota, y el rey, obligado a renunciar a sus ambiciones italianas más desmedidas, reorienta parte de su energía hacia el desarrollo cultural de su reino, un giro cuyo verdadero alcance se hará evidente en los años siguientes. Para Francia, el episodio deja unas finanzas exhaustas y un Estado reforzado en su centralización; para toda Europa, confirma la hegemonía habsbúrgica sin borrar, sin embargo, a Francia del mapa de las grandes potencias, preparando ya los conflictos por venir.


🧠 Para recordar

  • 1521-1529: ciclo de guerra abierto por la rivalidad nacida de la elección imperial de 1519
  • 27 de abril de 1522: derrota de la Bicoca, pérdida del Milanesado
  • 1523: traición del condestable de Borbón
  • 30 de abril de 1524: batalla del Sesia, muerte de Bayardo
  • 24 de febrero de 1525: derrota y captura de Francisco I en Pavía
  • 14 de enero de 1526: tratado de Madrid, condiciones duras, rescate y rehenes
  • 17 de marzo de 1526: liberación del rey a cambio de sus dos hijos
  • 22 de mayo de 1526: liga de Cognac, ruptura del tratado de Madrid
  • 6 de mayo de 1527: saco de Roma, muerte del condestable de Borbón
  • 3 de agosto de 1529: Paz de las Damas, Francia recupera Borgoña
  • Una guerra que cuesta cara en hombres y dinero, pero de la que Francisco I sale con su prestigio personal preservado

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