Carlos IX: la regencia de Catalina de Médici y las primeras guerras de Religión (1560-1574) · RENACIMIENTO
Antes de convertirse, pasados los cuarenta años, en la mujer más poderosa del reino, Catalina de Médici había atravesado una juventud marcada por el duelo, un matrimonio precoz y casi treinta años de observación discreta del poder — un aprendizaje silencioso que habría de alimentar toda su práctica política una vez regente.
Nacida el 13 de abril de 1519 en Florencia, Catalina de Médici era la hija única de Lorenzo II de Médici, duque de Urbino, y de Magdalena de la Tour d’Auvernia. El destino la golpeó desde la cuna: su madre murió el 28 de abril, quince días después del parto, y su padre se extinguió a su vez el 4 de mayo, dejando a la pequeña Catalina huérfana antes incluso de cumplir un mes. Educada primero en el convento de las Murate en Florencia y luego en Roma, recibió allí una educación humanista refinada, en la órbita de su primo el papa Clemente VII, quien negoció él mismo, en 1533, el matrimonio de su joven pariente con Enrique, segundo hijo del rey de Francia Francisco I.
El matrimonio se celebró en Marsella el 28 de octubre de 1533; Catalina tenía apenas catorce años. La unión, concebida como una alianza política entre Francia y los Médici, estuvo sin embargo a punto de fracasar: durante casi diez años, Catalina no logró concebir un hijo, exponiendo a la joven esposa italiana a la amenaza muy real de la repudiación, en una corte donde su nacimiento plebeyo —comparado con el de las princesas de sangre habitualmente destinadas a los hijos de Francia— suscitaba ya reservas. Este período de incertidumbre terminó en la década de 1540, cuando Catalina dio finalmente a luz una numerosa descendencia: diez hijos en total, de los cuales siete habrían de llegar a la edad adulta.
Convertida en reina consorte con el advenimiento de Enrique II en 1547, Catalina ejerció poca influencia política directa, eclipsada en la corte por la favorita del rey, Diana de Poitiers. Este apartamiento, lejos de ser estéril, le permitió observar con atención el funcionamiento del poder real, las rivalidades de facciones y los mecanismos de gobierno durante todo el reinado de Enrique II, y luego, tras la muerte accidental de este en 1559, durante el breve reinado de su hijo mayor Francisco II, durante el cual fue a su vez marginada por los tíos de la joven reina María Estuardo, los Guisa. Esta doble experiencia de exclusión del poder constituyó, paradójicamente, la mejor escuela política que pudo recibir: cuando la muerte de Francisco II, el 5 de diciembre de 1560, la llevó por fin a las responsabilidades como madre del nuevo rey menor de edad, Catalina de Médici abordaba la regencia fortalecida por casi treinta años de paciente observación de los engranajes del poder francés.
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