Enrique III: la crisis final de los Valois y las guerras de la Liga (1574-1589) · RENACIMIENTO
Frente a la perspectiva de un rey protestante, la Liga católica no solo opuso ejércitos a Enrique de Navarra: también blandió un candidato rival al trono, figura hoy en gran parte olvidada pero muy real en la crisis sucesoria de la década de 1580.
Carlos de Borbón, nacido el 22 de septiembre de 1523, arzobispo de Ruan y luego cardenal, era tío de Enrique de Navarra —hermano de su padre Antonio de Borbón. Católico fervoroso, se convirtió en el candidato que la Liga opuso a su propio sobrino en cuanto la muerte del duque de Anjou, en 1584, convirtió a Navarra en heredero presunto del trono: el tratado de Joinville, firmado el 31 de diciembre de 1584 entre Enrique de Guisa y los representantes de Felipe II de España, preveía explícitamente la exclusión de Navarra en favor del cardenal. El argumento de la Liga se apoyaba en una interpretación restrictiva de la ley sálica, considerando que un príncipe protestante no podía reinar legítimamente sobre un reino católico, cualquiera que fuese su rango en el orden sucesorio. El 21 de septiembre de 1585, el papa Sixto V vino a respaldar esta posición excomulgando mediante bula a Enrique de Navarra y al príncipe de Condé, privándolos en teoría de todo derecho a gobernar —decisión cuestionada incluso en los círculos católicos galicanos, apegados a la independencia de la corona francesa respecto a Roma en materia de sucesión.
La posición del cardenal siguió siendo, sin embargo, puramente nominal en vida: ya en el verano de 1588 se encontraba bajo la vigilancia de Enrique III, quien lo hizo internar tras el asesinato de los Guisa en diciembre de ese mismo año, sospechando de su connivencia con sus sobrinos asesinados. Solo después de la muerte de Enrique III, el 2 de agosto de 1589, dio la Liga el paso definitivo: el Parlamento de París, ganado a su causa, proclamó al cardenal rey de Francia bajo el nombre de Carlos X, con la esperanza de contrarrestar la legitimidad de Enrique de Navarra. Pero el nuevo «antirrey» seguía siendo entonces prisionero de las tropas reales en Fontenay y luego en Chinon, bajo la guardia del propio Enrique de Navarra —un rey de título, sin corte, sin capital y sin libertad de movimiento. Murió en cautiverio el 9 de mayo de 1590, sin haber reinado nunca en los hechos, dejando a la Liga sin candidato creíble y contribuyendo, a la larga, al desenlace favorable a Enrique IV.
Próximo zoom: Mayenne y los Dieciséis, la Liga se reorganiza tras el asesinato de los Guisa.