Sully y la reconstrucción del Estado

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Enrique IV, rey de Francia y de Navarra: la pacificación del reino y el edicto de Nantes (1589-1610) · RENACIMIENTO

Más allá del saneamiento financiero ya mencionado en el relato principal, la labor de Maximilien de Béthune, duque de Sully, se extendió al conjunto del aparato del Estado: desarrollo económico del reino, reforma de la administración provincial, de la justicia y del ejército. Esta obra metódica, llevada a cabo en apenas una década, preparó directamente la centralización administrativa que sus sucesores, de Richelieu a Luis XIV, habrían de llevar a su término.


💰 Un saneamiento económico metódico

Nombrado de facto superintendente de finanzas ya en 1598, Sully heredó un reino cuya deuda rondaba los 300 millones de libras, para unos ingresos anuales de apenas 30 millones. En una década, mediante la renegociación de los empréstitos, la lucha contra el fraude fiscal y la reducción del tren de vida de la corte, logró rebajar esa deuda a unos 150 millones de libras al tiempo que duplicaba los ingresos del Estado, alcanzando el equilibrio presupuestario hacia 1605 y acumulando, en las bóvedas de la Bastilla, un tesoro de reserva estimado en una treintena de millones de libras.

Este rigor financiero se acompañó de una política de reactivación concreta, resumida en la fórmula que tradicionalmente se le atribuye: «Labranza y pastoreo son las dos ubres de Francia.» Sully fomentó el drenaje de los pantanos del Oeste —en particular en Poitou y Saintonge, con el concurso de ingenieros holandeses—, favoreció las roturaciones mediante exenciones fiscales, y respaldó la creación de manufacturas reales destinadas a reducir las importaciones, como la manufactura de los Gobelinos para el tapiz o las vidrierías que habrían de convertirse en las de Saint-Gobain. La red de caminos, de la que Sully tenía a su cargo como gran preboste de caminos de Francia, fue mantenida y desarrollada, facilitando la circulación de mercancías en un reino que treinta y seis años de guerra habían desorganizado profundamente.


🏛️ Reformar la administración, la justicia y el ejército

El fortalecimiento de la autoridad real, condición de toda reconstrucción duradera, pasó por una reorganización profunda del aparato del Estado. El Consejo del rey se ciñó en torno a cuatro secretarios de Estado especializados —Guerra, Asuntos Exteriores, Casa del Rey y Asuntos protestantes—, mientras se desarrollaba, en las provincias, la todavía joven institución de los intendentes, encargados de representar directamente la autoridad real frente a unos gobernadores cuya autonomía había sido una de las causas del debilitamiento monárquico durante las guerras de religión. Esta centralización, todavía modesta, prefiguraba directamente los métodos que Richelieu habría de sistematizar una generación más tarde.

En el ámbito judicial, más allá de las cámaras mixtas instauradas por el edicto de Nantes, Enrique IV y sus ministros se dedicaron a simplificar los procedimientos y a reducir, sin eliminarla nunca por completo, la corrupción de los oficios de justicia. El ejército fue objeto de una reorganización comparable: reducido a un efectivo permanente de unos 20.000 hombres tras el regreso de la paz, mejor estructurado en regimientos de infantería y caballería, se apoyaba en plazas fuertes progresivamente recuperadas de los ligueros y luego modernizadas, mientras que una marina real, en lamentable estado tras las guerras civiles, emprendía su lenta reconstrucción en los puertos de Brest y Tolón.


🧠 Para recordar

  • Sully redujo la deuda real a la mitad (de 300 a 150 millones de libras) mientras duplicaba los ingresos del Estado, alcanzando el equilibrio presupuestario hacia 1605
  • El desarrollo agrícola (drenaje de pantanos, roturaciones) e industrial (manufacturas reales como los Gobelinos) acompañó este saneamiento financiero
  • La reorganización del Consejo del rey, el desarrollo de los intendentes en las provincias y la reconstrucción del ejército y la marina sentaron las bases administrativas de la centralización proseguida por Richelieu y luego por Luis XIV

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