
714 à 741
Cuando Pipino de Herstal muere en 714, deja un poder inmenso, pero frágil. El reino franco sigue siendo oficialmente merovingio, pero la autoridad real descansa ya en la familia pipínida y en el cargo de mayordomo de palacio.
La sucesión de Pipino desencadena de inmediato una crisis. Varias facciones aristocráticas intentan controlar el gobierno, mientras Neustria busca liberarse de la dominación austrasiana.
En medio de esta tormenta surge Carlos Martel, hijo natural de Pipino y Alpaida. Jefe militar enérgico y estratega político hábil, transforma gradualmente un poder incierto en dominación duradera.
Carlos nunca será rey. Pero durante casi treinta años gobierna el reino franco como su verdadero dueño.
Su época es decisiva: el poder pipínida deja de ser accidente político para convertirse en construcción dinástica, preparando el ascenso carolingio.
El reino de los francos en 714 — Fuente: Wikimedia Commons
Tras la muerte de Pipino, la sucesión debía recaer en su nieto Teodoaldo, todavía niño. La regencia queda en manos de Plectrude, viuda de Pipino, que intenta preservar la herencia familiar desde Colonia.
Carlos Martel es apartado e incluso encarcelado por la facción de Plectrude.
Pero la situación se degrada rápidamente.
En Neustria, el mayordomo Ragenfrido se alía con el rey merovingio Chilperico II e intenta recuperar el control del reino. Varias provincias aprovechan la confusión para afirmar su autonomía.
Carlos escapa en 715 y reúne apoyos entre aristócratas austrasianos. Logra una serie de campañas decisivas:
Desde ese momento, Carlos se convierte en dueño efectivo del poder pipínida.
🔍 Zoom – Plectrude y Teodoaldo: cómo Carlos Martel toma el poder (714–717)
La primera gran victoria de Carlos llega en 716, en la batalla de Amblève.
Tras escapar del cautiverio, sufre primero un revés en Colonia frente a la coalición de Chilperico II, Ragenfrido y Radbod I, duque de los frisones.
Obligado a retirarse, se repliega en los montes Eifel para reorganizarse. Muchos austrasianos, hostiles a la dominación neustriana, se unen a él.
En primavera de 716, Carlos pasa a la ofensiva. Cerca de la confluencia del Amblève y el Ourthe, usa una táctica audaz: finge retirada para sacar al enemigo de posición. Cuando la coalición persigue, Carlos se vuelve de repente y lanza una emboscada sobre un ejército desordenado.
La sorpresa es total y las pérdidas neustrianas son importantes.
Amblève es decisiva:
Amblève fortalece al partido austrasiano, pero la guerra civil continúa. Chilperico II y Ragenfrido se reorganizan.
Carlos sabe que la victoria solo será duradera si rompe de forma definitiva la coalición neustriana. En primavera de 717, lleva la guerra a territorio enemigo. Los ejércitos se enfrentan cerca de Vinchy, junto a Cambrai, el 21 de marzo de 717.
Carlos obtiene una victoria aplastante. Chilperico II y Ragenfrido huyen, perseguidos hasta los alrededores de París.
Tras Vinchy, Carlos proclama a Clotario IV como rey de Austrasia para oponerlo a Chilperico II. Coloca además fieles en puestos clave, incluyendo la sustitución del arzobispo de Reims por Milo de Tréveris.
En 719, vuelve a vencer en Néry. La oposición se derrumba: Ragenfrido se retira a Angers y el duque Eudes de Aquitania acaba entregando a Chilperico II.
Carlos realiza entonces una jugada política hábil: tras la muerte de Clotario IV, reconoce a Chilperico II como único rey de los francos. El rey conserva la corona, pero el poder real pasa al mayordomo.
Vinchy marca así un gran giro: Carlos se convierte en dueño del reino franco.
Tras Vinchy, queda un último obstáculo: Colonia, donde Plectrude está atrincherada con el tesoro real.
Carlos marcha sobre la ciudad. Bajo presión militar y sin apoyos sólidos, Plectrude capitula.
Entrega:
Desde entonces, Carlos deja de ser jefe rebelde y aparece como heredero efectivo del poder pipínida.
Carlos entiende que el poder ya no depende solo de la legitimidad regia. Construye su autoridad sobre tres pilares.
Carlos es ante todo un líder militar. Las victorias le permiten reunir guerreros francos e imponer su autoridad en regiones rebeldes.
Lanza campañas contra:
Se apoya en alianzas con grandes familias. Distribuye tierras y beneficios a sus fieles, consolidando un sistema de lealtades personales.
Busca también apoyo eclesiástico. Mantiene relaciones estrechas con reformadores religiosos y apoya al misionero Bonifacio, que reorganiza la Iglesia en regiones germánicas.
Esta alianza entre poder político y autoridad religiosa será clave en la construcción carolingia.
🔍 Zoom – Bonifacio: reformar la Iglesia para estabilizar el reino
El episodio más famoso del gobierno de Carlos Martel es la batalla llamada Poitiers (o Tours) de octubre de 732.
Tras la conquista musulmana de Iberia (desde 711), fuerzas de al-Ándalus cruzan regularmente los Pirineos. Estas expediciones son a menudo incursiones y saqueos más que conquistas duraderas.
A comienzos del siglo VIII, esas incursiones llegan más al norte. Narbonne, conquistada hacia 719–720, se convierte en base estratégica al norte de los Pirineos.
En este contexto, el duque Eudes de Aquitania resiste (victoria en Toulouse, 721), pero la presión continúa.
Hacia 732, el gobernador de al-Ándalus, ʿAbd al-Rahman al-Ghafiqi, dirige una gran expedición que devasta Aquitania y avanza hacia el valle del Loira, amenazando la zona de Tours y el rico monasterio de Saint-Martin.
Incapaz de resistir solo, Eudes pide ayuda a Carlos Martel.
Los ejércitos se enfrentan en algún punto entre Tours y Poitiers. Las fuentes medievales presentan a los francos como infantería pesada en posición defensiva sólida. En pleno combate, ʿAbd al-Rahman muere, y el ejército andalusí se retira durante la noche.
La victoria refuerza el prestigio de Carlos y su capacidad de coordinar defensa. Pero la historiografía moderna matiza el relato posterior:
Poitiers es, por tanto, una victoria importante y también una batalla cuyo significado fue amplificado por la memoria posterior.
🔍 Zoom – Poitiers 732: una batalla, un símbolo
🔍 Zoom – 711–732: al-Ándalus, Narbonne e incursiones al norte de los Pirineos
Después de Poitiers, el sur de la Galia sigue inestable. La presencia andalusí al norte de los Pirineos continúa en Septimania, sobre todo en torno a Narbonne. Además, algunas élites locales de Provenza y del valle del Ródano buscan autonomía y pueden aliarse con poderes externos.
Desde 735, Carlos interviene para restaurar la autoridad franca. Sus objetivos:
Entre 736 y 739, dirige expediciones en Provenza y Septimania, recupera plazas y debilita redes hostiles. A veces busca apoyo externo, especialmente de los lombardos.
Sin embargo, Narbonne se mantiene y será conquistada solo en 759, bajo su hijo Pipino el Breve.
🔍 Zoom – 735–739: Provenza, Septimania y la guerra del Ródano
Para sostener su ejército, Carlos desarrolla un sistema de redistribución de tierras llamado beneficium.
Estas tierras se conceden a guerreros y aristócratas a cambio de servicio militar. El sistema refuerza la fidelidad de las élites y sostiene un ejército más móvil y mejor equipado.
Todavía no es el feudalismo clásico de la plena Edad Media, pero sí uno de sus inicios institucionales.
🔍 Zoom – Beneficios, Iglesia y guerreros a caballo: la “reforma militar” de Carlos
En 737, tras la muerte del rey merovingio Teoderico IV, Carlos toma una decisión decisiva: no nombra de inmediato un nuevo rey.
Durante varios años, el reino franco funciona sin rey oficial, prueba de que la autoridad efectiva reside ya en el mayordomo de palacio.
🔍 Zoom – 737–743: cuando el reino funciona sin rey
Cuando Carlos muere en 741, deja un poder consolidado y una estructura política lista para convertirse en dinástica.
Sus hijos comparten autoridad:
En 743, reinstalan a un rey merovingio, Childerico III, para mantener una fachada de legitimidad. Pero la transformación ya está en marcha: en 751, Pipino será coronado rey y pondrá fin oficial a los merovingios, inaugurando la dinastía carolingia.
🔍 Zoom – 737–754: del trono vacío a la coronación de Pipino