
923 à 936
En 923, la crisis entre Carlos el Simple y la aristocracia llega a un giro decisivo.
El 15 de junio de 923, cerca de Soissons, Carlos se enfrenta a las fuerzas de Roberto I. La batalla es brutal: Roberto muere. Pero esa muerte no trae victoria carolingia. Gracias a la intervención de Hugo el Grande y Herberto II de Vermandois, Carlos es derrotado y obligado a retirarse.
La muerte de Roberto obliga a los grandes a encontrar una solución rápida. Eligen a Raúl de Borgoña (Rodolfo), duque poderoso y, sobre todo, yerno de Roberto I. La elección asegura continuidad del campo robertiano sin colocar la corona directamente en su heredero principal.
Raúl es ungido el 13 de julio de 923 en Soissons. Pero detrás de esta elección, el verdadero pivote del poder es Hugo el Grande, conde de París y duque de los francos.
Encarcelamiento de Carlos el Simple y coronación de Raúl de Borgoña — Wikimedia Commons
El nuevo rey hereda una situación frágil. Carlos el Simple, aún vivo, sigue siendo amenaza política. Antes de terminar 923, es capturado por Herberto II de Vermandois y encarcelado en Péronne.
Al mismo tiempo, el reino sigue bajo presión militar. Partidarios de Carlos, incluidos grupos normandos, amenazan territorios del norte. Hugo, el arzobispo de Reims Seulf y Herberto organizan defensa en la orilla izquierda del Oise, mientras se pacta tregua hasta primavera de 924.
Raúl no puede limitarse a estabilizar Francia Occidental. Ya en otoño de 923, lanza una expedición en Lotaringia, asedia y toma Saverne con apoyo del obispo de Metz Wigeric. El duque Gilberto y el arzobispo de Tréveris piden ayuda a Enrique el Pajarero, que interviene sin lograr adhesión duradera de los grandes lotaringios.
Tras someter parte de Lotaringia, Raúl gira hacia otro frente clave: Aquitania, espacio dominado por príncipes territoriales.
La realeza descansa ahora sobre equilibrio inestable:
🔍 Zoom – 923: Soissons, Roberto I y unción de Raúl
Desde el inicio, Raúl enfrenta una realidad: los normandos están instalados y pueden golpear en varios frentes.
Ya en 923, muestran su alcance al asediar Clermont.
En 924, Raúl intenta estabilizar la situación.
Tras hacer la paz con Guillermo II de Aquitania, celebra corte en Autun y luego en Chalon. Pero la presión vikinga sigue.
Guillermo II de Aquitania se somete a Raúl — Wikimedia Commons
El 6 de diciembre de 924, una coalición de condes y obispos derrota duramente al jefe vikingo Ragenold en Calaus mons.
La victoria muestra una evolución clave: la defensa descansa cada vez más en coaliciones regionales.
Al mismo tiempo, Raúl pacta: concede a Rollón nuevos territorios, en particular el Bessin (y probablemente Maine), para asegurar paz relativa.
La paz es frágil.
En 925, los normandos rompen tregua y reanudan ofensivas:
Fuerzas locales responden. Hombres del Bessin y de la región de París, ligados a Hugo el Grande, contraatacan.
Raúl recupera iniciativa en verano, reúne vasallos y toma el castillo normando de Eu.
Pero en agosto de 925, Hugo el Grande firma su propio acuerdo con los normandos, mostrando que la gestión del conflicto no depende solo del rey.
En enero de 926, Raúl es derrotado en Fauquembergues (río Aa). Muere Helgaud de Montreuil y el rey queda gravemente herido.
Debilitado, Raúl negocia y paga tributo a los vikingos: será el último gran tributo pagado en Francia Occidental.
La derrota revela límites del poder regio:
🔍 Zoom – 924–930: de Rollón a Guillermo Espada Larga
Tras 926, el conflicto ya no es solo contra normandos: también entre grandes del reino.
La rivalidad entre Hugo el Grande y Herberto II de Vermandois se vuelve central. Herberto refuerza su posición explotando un activo mayor: Carlos el Simple, a quien libera en 927 y vuelve a reconocer como rey legítimo.
Incluso se alía con normandos del Sena: Guillermo Espada Larga rinde homenaje a Carlos.
Raúl interviene. Hay enfrentamiento sobre el Oise, pero por mediación de Hugo se logra compromiso.
En 928, Herberto obtiene Laon, plaza estratégica, a cambio de volver al acuerdo. Carlos es nuevamente apartado y devuelto al cautiverio.
Estos hechos muestran que el poder regio queda subordinado a ambiciones principescas.
En 929, Carlos el Simple muere cautivo.
Su muerte cambia la situación: durante años, Herberto podía amenazar con «liberar al carolingio» para presionar a Raúl. Esa palanca desaparece.
Pero esto no fortalece de verdad la autoridad regia. El problema ya no es dinástico, sino estructural: el poder está en manos de los príncipes.
🔍 Zoom – 929: muerte de Carlos y fin de una palanca
En los años 930, el reinado de Raúl entra en otra fase. La guerra contra normandos retrocede, pero el reino sigue inestable. El reto principal es político.
Raúl actúa como árbitro entre poderes aristocráticos, sobre todo entre Hugo el Grande y Herberto II.
En 930, Raúl está en Autun (23 de marzo), pero pronto debe intervenir en conflictos del norte.
La rivalidad escala cuando Ernaut de Douai, vasallo de Hugo, pasa al campo de Herberto. El rey media. Se acuerda que Bosón, hermano de Raúl, recupere Vitry-en-Perthois, pero las tensiones reaparecen.
El conflicto degenera:
En 931, Raúl estrecha alianza con Hugo. Juntos recuperan Reims e imponen nuevo arzobispo, Artald, reemplazando al hijo de Herberto.
También retoman Laon. Herberto busca ayuda de Enrique el Pajarero sin éxito inmediato.
Raúl debe además reprimir revueltas en Borgoña, sofocadas en 932.
En 932, varios príncipes del sur rinden homenaje a Raúl, señal de autoridad aún reconocida.
En el norte, la lucha continúa: Herberto toma plazas; Hugo recupera Amiens y Saint-Quentin; Péronne resiste.
Raúl interviene personalmente y retoma puntos, incluida la abadía de Saint-Médard de Soissons.
En 933, también actúa en el valle del Ródano en apoyo de Charles-Constantine en Vienne y concede a Guillermo Espada Larga Cotentin y Avranchin, reforzando duraderamente Normandía.
La guerra contra Herberto continúa sin victoria decisiva. En 934, tras meses de asedio, se impone armisticio con intervención de Enrique el Pajarero.
El año 935 trae calma relativa.
Raúl reúne a los grandes en un plaid en Soissons, luego se encuentra con soberanos vecinos, en especial Enrique el Pajarero y Rodolfo II de Borgoña.
Se concluye un acuerdo mayor:
En una carta emitida en Attigny, Raúl afirma voluntad de gobernar mediante paz y confianza.
Enfermo, Raúl muere el 15 de enero de 936 en Auxerre.
Su reinado no restaura una monarquía fuerte, pero mantiene equilibrio en un reino dominado por príncipes.
🔍 Zoom – 931: Reims, Laon y juego de fortalezas 🔍 Zoom – 935: húngaros en Champaña y Borgoña
Raúl muere sin heredero capaz de sucederle de forma duradera.
De nuevo, la decisión recae en los grandes. La figura clave es Hugo el Grande, principal «hacedor de reyes».
En lugar de tomar la corona, llama a un carolingio: Luis IV, criado en Inglaterra y apodado «de Ultramar».
Esto confirma una realidad: la realeza ya no es poder autónomo, sino función concedida y controlada por la aristocracia.
🔍 Zoom – 936: Luis IV «de Ultramar», un rey llamado desde fuera