FranceHistories
Obras
Carlos V el Sabio: reconquista, Estado y Cisma de Occidente (1364–1380)

Carlos V el Sabio: reconquista, Estado y Cisma de Occidente (1364–1380)

p5

1364 à 1380

La subida al trono de Carlos V en 1364 abre una nueva fase en la historia de los Valois. Hijo de Juan II el Bueno, accede al trono tras años de guerra, cautiverio real, crisis políticas y desórdenes sociales que habían debilitado profundamente al reino. Su reinado se inscribe así en la herencia directa de las pruebas atravesadas entre Poitiers, la Gran Ordenanza, la Jacquerie y la paz de Brétigny, pero marca también el inicio de una recuperación espectacular de la monarquía francesa.

A diferencia de su padre, Carlos V no encarna ante todo un ideal de bravura caballeresca. Las fuentes y la historiografía lo presentan más bien como un rey de prudencia, cálculo político y gobierno. Su sobrenombre de Sabio remite menos a una imagen moral que a una manera de reinar: desconfianza hacia las batallas arriesgadas, recurso más sistemático a capitanes experimentados, atención a las finanzas, a la administración y a la legitimidad monárquica. Bajo su autoridad, la corona vuelve a una práctica más metódica del poder, a menudo opuesta a las imprudencias del reinado anterior.

El inicio de su reinado se produce además en un contexto todavía muy inestable. El reino sigue amenazado por las grandes compañías, por las ambiciones de Carlos el Malo, por las consecuencias territoriales del tratado de Brétigny y por la presencia inglesa sólidamente instalada en Calais y en Aquitania. Pero los primeros éxitos de 1364, especialmente en Cocherel, muestran ya que la monarquía valois puede recuperar la iniciativa. A partir de entonces, Carlos V emprende la restauración de la autoridad real, la reorganización de las instituciones y la reconquista progresiva de una gran parte de las tierras perdidas.

Su reinado es también el de una monarquía más administrativa y más letrada. Carlos V se rodea de consejeros competentes, da un amplio espacio al derecho, refuerza los instrumentos del gobierno y favorece la cultura del libro en la corte. Esta dimensión política e intelectual contribuye a hacer de su reinado un momento central de la reconstrucción capeto-valois después de los desastres de mediados del siglo XIV.

El reinado de Carlos V aparece así como un momento decisivo: no pone fin a la guerra de los Cien Años, pero invierte durante un tiempo su curso. Bajo su gobierno, la monarquía francesa recupera una parte de su autoridad, de su cohesión y de su eficacia. Con él, los Valois dejan de ser una dinastía debilitada por la contestación para convertirse, al menos de forma provisional, en los artífices de un enderezamiento duradero del reino.


I. 1365–1368: pacificación del reino, grandes compañías y reanudación de la guerra

Los primeros años del reinado de Carlos V están dominados por una doble necesidad: restaurar la autoridad real dentro del reino y preparar la revancha contra Inglaterra sin exponerse a una nueva catástrofe militar. El rey trata, por tanto, de estabilizar primero los grandes conflictos abiertos bajo los reinados anteriores, neutralizar a los príncipes turbulentos y librar al reino de las grandes compañías, esas bandas de mercenarios que devastan el país desde la paz de Brétigny.

Ilustración del tratado de Guérande Ilustración del tratado de Guérande: Adolphe Rouargue, Public domain, via Wikimedia Commons

El primer éxito de esta política es diplomático. El 12 de abril de 1365, el tratado de Guérande pone fin a la primera fase de la guerra de Sucesión de Bretaña. Juan de Montfort es reconocido como duque de Bretaña con el nombre de Juan IV, pero debe rendir homenaje al rey de Francia. Para Carlos V, el acuerdo constituye una victoria política: aunque el candidato apoyado por Francia, Carlos de Blois, había muerto en Auray en 1364, la monarquía conserva el principio de su soberanía feudal sobre el ducado bretón. Ese mismo año, la monarquía arregla también su conflicto con Carlos II de Navarra mediante un tratado concluido en marzo, que apacigua temporalmente las querellas surgidas en torno a la sucesión de Borgoña y a las posesiones normandas.

Al mismo tiempo, el rey debe afrontar el problema más urgente del reino: el de las grandes compañías. En 1365, estas bandas armadas siguen devastando la Isla de Francia, Normandía, Languedoc y todo el Midi. El papa Urbano V publica el 9 de junio de 1365 una bula que condena sus exacciones, mientras que la propia Aviñón debe pagarles dinero para evitar el saqueo. Al no poder aplastarlas en todas partes por la fuerza, las autoridades intentan con frecuencia comprar su marcha. Así, Seguin de Badefol, que ocupa notablemente Anse y luego otras posiciones del sur del reino, no abandona ciertas plazas más que tras largas negociaciones y grandes pagos. Esta incapacidad para proteger directamente a las poblaciones subraya los límites persistentes de la monarquía, pese a la energía del nuevo reinado.

En el mismo espíritu, Carlos V apoya soluciones de desplazamiento más que de enfrentamiento frontal. Una parte de las compañías es animada a abandonar el reino para ser empleada en otro lugar. Esta política cristaliza en torno a la expedición de Castilla, que permite desviar hacia la península ibérica a una parte de esos combatientes, al tiempo que sirve a los intereses diplomáticos franceses. La idea es sencilla: utilizar a los mercenarios lejos del reino en vez de sufrirlos dentro de él. Es en este marco donde Bertrand Du Guesclin, ya prestigioso tras Cocherel, aparece como uno de los principales instrumentos de la política real.

En 1366, Du Guesclin entra en Barcelona a comienzos de año, mientras se organiza la intervención franco-castellana en favor de Enrique de Trastámara contra su hermanastro Pedro I de Castilla, llamado el Cruel. Enrique es coronado en Burgos el 5 de abril de 1366, tras el rápido avance de sus partidarios. Para Carlos V, esta operación persigue varios objetivos a la vez: debilitar a un aliado de los ingleses, crear un futuro socio castellano y mantener fuera del reino a compañías demasiado peligrosas en Francia. Al mismo tiempo, la muerte de Arnaud de Cervole, asesinado en mayo de 1366, muestra hasta qué punto estos jefes de mercenarios siguen siendo figuras inestables, difíciles de controlar incluso cuando sirven momentáneamente a los intereses reales.

En el plano interior, el reinado prosigue también su obra de reorganización. Juan IV de Bretaña rinde homenaje simple al rey de Francia en diciembre de 1366, lo que confirma la integración del arreglo bretón en el orden feudal del reino. A la vez, Carlos V trabaja para restaurar las finanzas y los instrumentos de defensa. En 1367, una ordenanza levanta subsidios para la defensa general del reino y participa en la puesta en marcha de un ejército más controlado y más permanente. Esta evolución marca una etapa importante: en lugar de depender únicamente de las levas feudales y de las improvisaciones de crisis, la monarquía busca construir medios militares más estables.

La expedición castellana sufre, no obstante, un revés de gran importancia. El 3 de abril de 1367, en la batalla de Nájera, Du Guesclin es derrotado y capturado por las fuerzas de Pedro el Cruel, apoyadas por el Príncipe Negro y por Juan de Gante. Esta derrota permite a Pedro recuperar provisionalmente el trono de Castilla. Pero el éxito inglés resulta engañoso: la campaña arruina financieramente al Príncipe Negro y pesa con fuerza sobre la Aquitania inglesa, mientras que Enrique de Trastámara recompone rápidamente sus fuerzas. Desde el otoño de 1367, vuelve a cruzar los Pirineos y reanuda la ofensiva.

Este vuelco prepara el gran giro de 1368. Aprovechando el creciente descontento de los señores aquitanos contra la fiscalidad del Príncipe Negro, Carlos V decide recuperar la iniciativa frente a Inglaterra. El 30 de junio de 1368, resuelve reanudar la guerra a partir de la apelación del conde de Armagnac y del señor de Albret, que impugnan la justicia ejercida en Aquitania por el príncipe inglés. Unos meses más tarde, el 20 de noviembre de 1368, el tratado de Toledo sella la alianza entre Francia y Enrique de Trastámara contra Inglaterra. Esta alianza, pronto reforzada por la intervención de la flota castellana junto a Francia, constituye uno de los grandes éxitos diplomáticos del inicio del reinado. Abre una nueva fase de la guerra de los Cien Años, en la que Carlos V pretende recuperar metódicamente los territorios perdidos bajo Juan II.


II. 1369–1370: reanudación de la guerra, alianza castellana y recuperación militar de los Valois

El año 1369 se abre en un contexto todavía oscurecido por el regreso de la peste a Europa, que sigue pesando sobre las sociedades y sobre la capacidad militar de los reinos. Pero en el plano político, el momento favorece a la corona de Francia. En Aquitania, el descontento contra la fiscalidad del Príncipe Negro y contra la justicia inglesa se amplifica. El 15 de enero de 1369, Cahors se subleva contra la ocupación inglesa y, unas semanas más tarde, sus cónsules juran ayudar al rey de Francia, afirmando que incluso bajo dominio inglés la ciudad nunca había dejado de conservar un profundo vínculo con el reino. Esta actitud no es aislada: en primavera, cientos de ciudades y castillos de la antigua principado de Aquitania se vuelven hacia Carlos V y reconocen su autoridad.

En este contexto, el rey de Francia elige actuar sobre el terreno jurídico tanto como en el militar. El 25 de enero de 1369, Eduardo III es citado a comparecer ante el rey de Francia en París, en calidad de duque de Aquitania y por tanto de vasallo por sus posesiones continentales. Su negativa a responder a esta citación proporciona a Carlos V la base feudal necesaria para relanzar oficialmente la guerra. Los Estados Generales, reunidos en París el 9 de mayo, aprueban la reanudación de las hostilidades. Unos meses más tarde, el 30 de noviembre de 1369, el rey pronuncia la confiscación de Aquitania, reafirmando que el duque inglés ha incumplido sus obligaciones y que sus tierras deben volver a la corona.

La muerte del rey Pedro I de Castilla La muerte del rey Pedro I de Castilla: Arturo Montero y Calvo, Public domain, via Wikimedia Commons

La reanudación de la guerra se beneficia entonces de un apoyo diplomático decisivo: el de Castilla. En marzo de 1369, Enrique de Trastámara y Bertrand Du Guesclin vencen en la batalla de Montiel a los partidarios de Pedro I de Castilla, hasta entonces sostenidos por los ingleses. Pocos días después, el 23 de marzo, Pedro el Cruel es asesinado, y Enrique II de Trastámara se impone en el trono castellano. Esta victoria transforma profundamente el equilibrio estratégico del conflicto: Francia dispone desde entonces de un aliado mayor tanto en el mar como en tierra, capaz de amenazar a Inglaterra con su flota y de apoyar la política valois en el espacio ibérico.

Ese mismo año, Carlos V consolida también la base dinástica de su casa. El 19 de junio de 1369, su hermano Felipe II el Atrevido, duque de Borgoña, se casa con Margarita de Male, heredera del condado de Flandes. Esta unión, de alcance considerable, prepara la futura entrada de Flandes en la esfera de influencia de los Valois de Borgoña. En lo inmediato, Felipe el Atrevido participa en la guerra en Normandía y en el Poitou, aunque el rey, fiel a su estrategia de prudencia, le ordena a veces licenciar sus tropas antes que arriesgar un enfrentamiento mal preparado.

Reloj de Carlos V en la Torre del Reloj, antes de su restauración Reloj de Carlos V en la Torre del Reloj, antes de su restauración: Siren-Com, CC BY-SA 3.0 https://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0, via Wikimedia Commons

El año 1370 confirma este ascenso del poder francés. Mientras el reino prosigue su esfuerzo de reconstrucción institucional, con la instalación del primer reloj público en el palacio real de París, la colocación de la primera piedra de la Bastilla y la fundación del Colegio de Beauvais, la guerra se intensifica en el sudoeste. El 24 de agosto de 1370, Limoges se entrega al rey de Francia. Pero la ciudad es retomada rápidamente por el Príncipe Negro, que la ocupa el 19 de septiembre y ejerce una represión sangrienta contra la guarnición y los partidarios franceses. Este episodio impresiona duraderamente a los contemporáneos e ilustra la brutalidad persistente del conflicto.

Entrega de la espada de condestable a Bertrand du Guesclin Entrega de la espada de condestable a Bertrand du Guesclin: Jean Fouquet, Public domain, via Wikimedia Commons

A pesar de esta recuperación inglesa local, la ventaja estratégica pasa cada vez más al lado francés. El 2 de octubre de 1369, Bertrand Du Guesclin es nombrado condestable de Francia. Este nombramiento simboliza la nueva manera de hacer la guerra deseada por Carlos V: menos brillo caballeresco, más paciencia, movilidad y eficacia. Encargado de expulsar a los ingleses sin buscar grandes batallas frontales, Du Guesclin se convierte en el principal instrumento de la reconquista. Pocas semanas después, el 4 de diciembre de 1370, vence en la batalla de Pontvallain a las tropas inglesas de Robert Knolles, que habían devastado la Isla de Francia, el Oeste y Bretaña. Se trata de una victoria mayor: pone fin a una gran chevauchee inglesa, devuelve la confianza al reino y muestra la eficacia del nuevo mando francés.

Batalla de Pontvallain Batalla de Pontvallain: Loyset Liédet, Public domain, via Wikimedia Commons

Así, entre 1369 y 1370, la guerra de los Cien Años cambia claramente de ritmo y de dirección. Gracias a la combinación de una legitimidad feudal reafirmada, una diplomacia hábil, la alianza castellana y el mando de Du Guesclin, Carlos V emprende una reconquista progresiva que contrasta fuertemente con los desastres del tiempo de Juan II. La monarquía valois deja de estar a la defensiva: retoma ahora la iniciativa.


III. 1371–1372: reconquista del Oeste, triunfo naval de La Rochelle y retroceso de Inglaterra

En 1371, las operaciones llevadas a cabo en el Poitou, Aunis y Saintonge muestran la creciente eficacia del método de guerra querido por Carlos V. El 15 de marzo, los ingleses sufren una derrota en Bressuire, y la reconquista prosigue mediante una serie de asedios que debilitan su implantación regional. Este avance no es ni espectacular ni inmediato, pero desgasta a las guarniciones enemigas y reduce poco a poco el espacio realmente controlado por los partidarios del rey de Inglaterra en el oeste del reino. Al mismo tiempo, el rey intenta estabilizar otros frentes: el tratado de Vernon, concluido entre el 25 y el 29 de marzo de 1371, arregla provisionalmente el conflicto con Carlos el Malo, mientras que en junio el asedio de Metz recuerda que los márgenes orientales del reino siguen atravesados también por tensiones principescas y urbanas.

La guerra se prolonga, sin embargo, en el centro-oeste. A finales del verano de 1371, los ingleses y varios barones poitevinos se apoderan de Moncontour, prueba de que la reconquista francesa sigue siendo frágil y localmente contestada. A pesar de estas resistencias, la dinámica general gira progresivamente a favor de los Valois, porque la autoridad inglesa sufre tanto por la dispersión de sus fuerzas como por la dependencia creciente de sus posiciones continentales respecto de las comunicaciones marítimas.

El año 1372 constituye a este respecto un giro mayor. Los 22 y 23 de junio, frente a La Rochelle, la flota castellana aliada con Francia destruye o captura la mayor parte de la flota inglesa enviada en socorro de las posiciones continentales. Esta victoria naval, obtenida contra las fuerzas del conde de Pembroke, tiene una importancia considerable: corta a Inglaterra parte de sus medios de abastecimiento, arruina su capacidad para reforzar rápidamente sus plazas del Oeste y da a Carlos V una ventaja marítima que ningún rey de Francia había logrado al inicio de la guerra. El sitio de La Rochelle, comenzado en relación con esta operación naval, termina con la rendición de la ciudad, lo que acelera el retroceso inglés en toda la región.

La reconquista se acelera entonces. El 7 de agosto de 1372, Du Guesclin toma Poitiers. Después, en agosto y septiembre, los franceses encadenan una serie de éxitos rápidos: victoria ante Soubise, rendición de La Rochelle y de Angulema, y luego sumisión de Saint-Jean-d’Angely y Saintes. En pocos meses, la presencia inglesa en el Oeste queda fuertemente reducida. Esta sucesión de operaciones muestra hasta qué punto la estrategia capeta, fundada en el aislamiento progresivo de las plazas enemigas y en el control de las vías de comunicación, resulta más eficaz que la búsqueda del enfrentamiento frontal.

El entorno diplomático sigue siendo, no obstante, inestable. El 28 de marzo de 1372, el conde de Flandes firma la paz con Inglaterra, mientras que el 10 de julio, el tratado de Tagilde asocia a Juan de Gante y al rey de Portugal en una nueva combinación hostil a Francia y a Castilla. Del mismo modo, el tratado secreto de Westminster, concluido el 19 de julio de 1372 entre Juan IV de Bretaña y Eduardo III, revela la persistencia del juego inglés en Bretaña, aunque ese acuerdo, descubierto poco después por los franceses, no basta para frenar la reconquista en curso. Estas maniobras muestran que la guerra de los Cien Años sigue siendo un conflicto de coaliciones tanto como un enfrentamiento directo entre las dos coronas.

El retroceso del Príncipe Negro y el derrumbe del principado de Aquitania

Por último, el año 1372 termina con una confesión de fracaso del bando inglés. El 5 de octubre, el Príncipe Negro renuncia al principado de Aquitania, lo que marca el derrumbe de una construcción política puesta en pie tras el tratado de Brétigny. Desde 1362, el hijo de Eduardo III gobernaba una Aquitania ampliada, que los ingleses pretendían administrar como un conjunto principesco coherente y ampliamente autónomo. Pero ese edificio se había debilitado rápidamente.

La expedición de Castilla de 1367, a pesar de la victoria de Nájera, había costado muy cara al Príncipe Negro y comprometido su situación financiera. Para cubrir esos gastos, intentó imponer en Aquitania una fiscalidad pesada, que suscitó la hostilidad de una parte de los grandes señores gascones, especialmente los condes de Armagnac y de Albret. Su apelación a Carlos V había proporcionado al rey de Francia la base jurídica necesaria para reanudar la guerra.

A este debilitamiento interior se añadieron en 1372 los éxitos militares franceses y castellanos: destrucción de la flota inglesa en La Rochelle, pérdida sucesiva de varias ciudades del Oeste y retroceso general de la autoridad inglesa en Poitou, Saintonge y Aunis. En estas condiciones, el principado de Aquitania deja de ser un instrumento creíble de dominación inglesa sobre el sudoeste.

La renuncia del Príncipe Negro constituye, por tanto, mucho más que una medida simbólica: reconoce el fracaso de una política que pretendía hacer de Aquitania un gran Estado principesco bajo dominio inglés. En pocos años, Carlos V logra así invertir la relación de fuerzas heredada de los desastres de mediados de siglo. Sin una gran batalla comparable a Crécy o Poitiers, pero mediante una sucesión metódica de operaciones, alianzas y asedios, la monarquía francesa recupera la iniciativa por mar y por tierra y emprende una reconquista duradera del reino.


IV. 1373–1375: reconquista del Oeste, organización marítima y tregua de Brujas

En 1373, los éxitos franceses en el Oeste continúan. El rey recompensa a las ciudades vueltas a su obediencia: el 8 de enero, Carlos V concede al alcalde, a los regidores y a sus sucesores de La Rochelle un derecho de nobleza hereditario y perpetuo, en reconocimiento al papel desempeñado por la ciudad en la expulsión de los ingleses. Pocos días después, el 22 de enero, crea el gobierno de Aunis, distinto de Saintonge, lo que traduce la voluntad real de organizar mejor los territorios reconquistados y afianzar en ellos su autoridad.

En el terreno militar, la campaña de 1373 confirma el retroceso inglés. Tras el fracaso de un intento de desembarco en Saint-Malo en marzo, Bertrand Du Guesclin obtiene una victoria en Chize el 21 de marzo, y luego logra la capitulación de Niort el 27 de marzo, asegurando así al rey el control del Poitou. Al mismo tiempo, la situación de Juan IV de Bretaña se degrada rápidamente. Reconocido como duque por el tratado de Guérande de 1365, sigue siendo frágil, ya que una gran parte de la nobleza bretona desea mantener la neutralidad del ducado en la guerra entre Francia e Inglaterra. Pero Juan IV, largo tiempo exiliado en la corte de Eduardo III y ampliamente apoyado por los ingleses, aparece cada vez más como el representante de su influencia en Bretaña. El descubrimiento del tratado secreto de Westminster concluido con Inglaterra, seguido del desembarco de un ejército inglés en Saint-Malo en marzo de 1373, proporciona a Carlos V el pretexto y la legitimidad necesarios para intervenir. Apoyado por parte de la nobleza bretona, Bertrand Du Guesclin entra entonces en campaña y recupera rápidamente la ventaja. Aislado tanto políticamente como militarmente, Juan IV se ve obligado a huir a Inglaterra a finales de abril de 1373, dejando a Carlos V con ventaja en el ducado.

Inglaterra intenta, sin embargo, retomar la iniciativa. A partir de agosto de 1373, Juan de Lancaster dirige una gran chevauchee desde Calais hasta Guyena. Esta expedición, una de las más ambiciosas emprendidas por el bando inglés en esta fase de la guerra, resulta finalmente un fracaso. Agota a las tropas sin producir ganancias decisivas y confirma los límites de la estrategia de las grandes travesías del territorio cuando no van seguidas de una reconquista duradera. Para Carlos V, este fracaso inglés constituye un éxito indirecto pero mayor.

Ese mismo año, la monarquía francesa prosigue su esfuerzo de organización. El 7 de diciembre de 1373, una ordenanza real precisa la jurisdicción del almirantazgo, mientras que Jean de Vienne es nombrado almirante de Francia. Esta decisión es capital: muestra que la reconquista no se apoya únicamente en capitanes terrestres, sino también en una toma en mano más sistemática de las cuestiones navales. Carlos V comprende que la guerra contra Inglaterra exige un dominio mayor del litoral, de los puertos y de las comunicaciones marítimas.

Ataques de las flotas franco-castellanas contra Inglaterra Esta ilustración representa los principales ataques llevados a cabo contra Inglaterra por flotas franco-castellanas conjuntas mandadas por los almirantes Fernando Sánchez de Tovar y Jean de Vienne entre 1374 y 1380, durante la guerra de los Cien Años: Luis García, CC BY-SA 3.0 https://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0, via Wikimedia Commons

En 1374, el rey continúa estructurando el aparato militar y administrativo del reino. El 13 de enero, una nueva ordenanza sobre la organización del ejército prolonga el esfuerzo reformador emprendido desde años antes. Al mismo tiempo, el sitio de Saint-Sauveur-le-Vicomte, preparado por Jean de Vienne, moviliza importantes recursos e ilustra el carácter cada vez más metódico de la reconquista francesa.

La campaña de 1374 aporta también nuevos éxitos en el sudoeste. El 21 de agosto, La Reole se rinde tras haber sido sitiada por las fuerzas reales. Al mismo tiempo, Aunis se separa definitivamente de Saintonge, lo que confirma la obra de reorganización territorial emprendida el año anterior. En el interior del reino, Carlos V refuerza también los marcos de la monarquía: una ordenanza de agosto de 1374 fija en trece años cumplidos la mayoría del rey de Francia, mientras que se emprenden nuevos trabajos de fortificación en París. Estas medidas muestran que la reconquista militar va acompañada de un esfuerzo de consolidación institucional.

Pero estos éxitos se desarrollan en un contexto difícil. La peste sigue reapareciendo en Europa, y una hambruna golpea el sur de Francia entre 1374 y 1375. La guerra, las malas cosechas y las epidemias siguen siendo, por tanto, el trasfondo permanente del reinado, incluso cuando la situación militar mejora para los Valois.

El año 1375 prolonga esta dinámica, aunque conduce a una pausa diplomática. El 1 de junio, Cognac se rinde tras el asedio dirigido por el duque de Berry. El 3 de julio, Saint-Sauveur-le-Vicomte capitula a su vez, después de un largo sitio convertido en símbolo de la paciencia estratégica francesa. Estos éxitos reducen definitivamente varias de las posiciones inglesas más importantes en Normandía y en el Oeste.

Sin embargo, el agotamiento de ambos reinos y las mediaciones diplomáticas conducen finalmente a una suspensión de las hostilidades. El 27 de junio de 1375, se concluye la tregua de Brujas entre Francia e Inglaterra. No pone fin a la guerra de los Cien Años, pero marca la culminación de una fase favorable a Carlos V. En pocos años, el rey ha recuperado gran parte de los territorios perdidos tras Brétigny, ha restaurado la autoridad monárquica en el Oeste y ha demostrado que la reconquista podía llevarse a cabo sin batalla decisiva, mediante una política de asedios, alianzas y organización progresiva del reino.


V. 1376–1378: fin de la tregua, reanudación de la ofensiva francesa y comienzo del Gran Cisma de Occidente

Los años 1376–1378 prolongan la recuperación emprendida por Carlos V, al tiempo que dan al reinado una dimensión más europea. Mientras la guerra contra Inglaterra se reanuda en un contexto favorable a Francia, la monarquía sigue reforzando sus instrumentos de gobierno. Pero esos mismos años ven también la apertura del Gran Cisma de Occidente, que divide duraderamente a la cristiandad latina y recompone las alianzas entre las potencias.

En 1376, la tregua de Brujas se prolonga hasta el 24 de junio de 1377, lo que permite todavía esperar un apaciguamiento provisional del conflicto franco-inglés. Al mismo tiempo, varias evoluciones institucionales muestran que la guerra sigue transformando los Estados. En Inglaterra, el Good Parliament de 1376 manifiesta el ascenso del Parlamento frente al gobierno de Eduardo III: obtiene la puesta en causa de varios consejeros reales por corrupción, generalmente considerada como el primer uso reconocido del impeachment; la Cámara de los Comunes es además presidida por Peter de la Mare, a menudo presentado como el primer verdadero Speaker. En Francia, Carlos V prosigue por su parte la estructuración de los medios del reino: una ordenanza de septiembre de 1376 pone el bosque de Roumare al servicio de la construcción naval, señal de la atención prestada por el rey a la flota y a los recursos estratégicos.

La situación cambia profundamente en 1377. La muerte de Eduardo III, el 21 de junio, seguida del acceso al trono de su nieto Ricardo II, de diez años, abre en Inglaterra un período de fragilidad política dominado por la regencia de sus tíos, entre ellos en primer lugar Juan de Gante. Esta transición ofrece a Francia una ventana de acción. Las negociaciones de paz emprendidas entre abril y junio fracasan, y las hostilidades se reanudan rápidamente. Al mismo tiempo, Carlos V apoya activamente la reconquista del Oeste: Auray cae en manos de Olivier de Clisson en agosto de 1377, mientras que los franceses progresan en Guyena, obteniendo en particular la rendición de Bergerac y luego la de Duras en otoño. Una flota franco-castellana efectúa también una incursión sobre la isla de Wight, ilustrando la nueva capacidad de Francia para amenazar las costas inglesas gracias a su alianza con Castilla. Pese a estos éxitos, la reanudación de la guerra no desemboca inmediatamente en una campaña decisiva, debido sobre todo a las dificultades políticas internas de Inglaterra.

El año 1378 se abre bajo el signo del prestigio diplomático de Carlos V. En enero, el rey recibe en París al emperador Carlos IV de Luxemburgo y a su hijo Wenceslao, rey de Bohemia. Este encuentro, marcado por un gran banquete en el palacio de la Cité, subraya el lugar central alcanzado por la monarquía francesa en los equilibrios políticos de Occidente. Pero sobre el terreno, Carlos V persigue sobre todo un objetivo más concreto: reducir las últimas posiciones de Carlos el Malo en Normandía. Tras la detención de varios de sus allegados, entre ellos Jacques de Rue, las fuerzas reales dirigidas por el duque de Borgoña, el duque de Borbón, el señor de Coucy y Bertrand Du Guesclin se apoderan progresivamente de sus posesiones normandas; a finales de junio, el rey de Navarra apenas conserva Cherburgo. Esta operación pone fin casi por completo a su implantación política en el reino de Francia.

Al mismo tiempo, la situación bretona da un giro. El 20 de junio de 1378, Juan IV de Bretaña es llamado a comparecer ante la corte de pares; al no presentarse, ve confiscado su ducado. Sin embargo, esta decisión, que en un principio parece confirmar el éxito de la política real, provoca una reacción inversa en Bretaña: una parte importante de la nobleza y de las poblaciones rechaza el control directo de la monarquía francesa y llama pronto al duque exiliado. Este episodio muestra los límites de la autoridad capeto-valois en los principados periféricos, incluso en el momento de sus éxitos militares.

Gran Cisma, 1378–1417 Gran Cisma, 1378–1417: @lankazame, Mipmapped, CC BY-SA 3.0 http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0/, via Wikimedia Commons

El acontecimiento más importante de 1378 es, sin embargo, religioso y europeo: el comienzo del Gran Cisma de Occidente. Tras la muerte de Gregorio XI, vuelto a Roma en 1377, la elección del papa Urbano VI es rápidamente contestada por una parte de los cardenales, mayoritariamente franceses, que afirman haber votado bajo la presión del pueblo romano. Reunidos en Fondi, eligen en septiembre de 1378 a otro papa, Clemente VII, que se instala después en Aviñón. Desde entonces, dos obediencias pontificias se enfrentan: una en torno a Roma y otra en torno a Aviñón. El cisma no se reduce a una disputa eclesiástica: divide a Europa según líneas tanto diplomáticas como religiosas. Carlos V apoya a Clemente VII, mientras que Inglaterra se alinea detrás de Urbano VI. La fractura entre las dos coronas se ve así duplicada por una fractura de la propia cristiandad.

Así, entre 1376 y 1378, el reinado de Carlos V alcanza uno de sus puntos más altos de influencia. Francia aprovecha las dificultades inglesas para proseguir sus ganancias militares, reduce el espacio de acción de Carlos el Malo y se afirma como potencia central del juego diplomático occidental. Pero la apertura del Gran Cisma de Occidente recuerda también que el final del siglo XIV no está dominado únicamente por la guerra franco-inglesa: está marcado igualmente por una crisis profunda de la unidad religiosa y política de la Europa latina.


VI. 1379–1380: regreso de Juan IV, Gran Cisma de Occidente y final del reinado de Carlos V

En 1379, la política bretona de Carlos V se vuelve contra él. Tras la confiscación del ducado pronunciada en 1378 contra Juan IV de Bretaña, una parte importante de la nobleza bretona rechaza la perspectiva de una administración directa por parte de los oficiales reales. El 26 de abril de 1379, los barones bretones reunidos en Rennes firman un acto de confederación y llaman al duque exiliado. El 3 de agosto, Juan IV desembarca en Dinard con apoyo inglés y recupera rápidamente posiciones en el ducado. Esta evolución muestra que la soberanía feudal francesa sobre Bretaña no puede ejercerse de manera duradera sin la adhesión de las élites locales. El fracaso es tanto más sensible cuanto que varios bretones comprometidos hasta entonces al servicio de Carlos V se unen a su duque vuelto del exilio.

Revuelta de los Chaperons, 1379 Revuelta de los Chaperons, 1379: Jacques-Joseph Lecurieux, Public domain, via Wikimedia Commons

Al mismo tiempo, la crisis flamenca se reanuda. El 5 de septiembre de 1379, estalla en Gante la revuelta de los chaperones blancos contra el conde de Flandes. El movimiento alcanza después Brujas e Ypres, antes de extenderse a una gran parte del condado. Aunque al final del año se concluye una paz provisional, la reanudación del conflicto en 1380 muestra que Flandes sigue siendo uno de los grandes espacios de inestabilidad política y social del noroeste europeo. Esta agitación concierne directamente a Francia, tanto por la proximidad del condado como por el peso económico de sus ciudades pañeras.

Al no poder imponerse en Roma, Clemente VII regresa a Aviñón el 20 de junio de 1379. Dos obediencias pontificias se enfrentan desde entonces: la de Roma, apoyada especialmente por Inglaterra, Flandes, varios Estados alemanes y los reinos escandinavos; y la de Aviñón, respaldada por Francia, Escocia y Castilla. Este cisma transforma profundamente la vida política de Europa, porque superpone a las rivalidades dinásticas y territoriales una división religiosa duradera de la cristiandad latina. Carlos V elige resueltamente el partido aviñonés, lo que refuerza todavía más la oposición entre la monarquía francesa y el campo inglés.

El año 1380 se abre en un clima todavía agitado. En Languedoc, Luis de Anjou debe enfrentarse a la revuelta de Montpellier, donde entra el 20 de enero; su administración es, no obstante, juzgada decepcionante, y Bertrand Du Guesclin acaba siendo llamado a desempeñar un papel más directo en la región. En el plano internacional, el 1 de marzo de 1380, se concluye en Westminster una alianza entre Inglaterra y el duque Juan IV de Bretaña, prueba de que Bretaña sigue siendo un asunto activo de la guerra de los Cien Años. Al mismo tiempo, las ambiciones italianas de los príncipes franceses empiezan ya a perfilarse: el 29 de junio de 1380, Juana I de Nápoles designa a Luis I de Anjou como heredero, abriendo un nuevo campo de intervención para la casa de Francia en la península italiana.

La muerte de Bertrand du Guesclin (13 de julio de 1380) La muerte de Bertrand du Guesclin (13 de julio de 1380): Nicolas-Guy Brenet, Public domain, via Wikimedia Commons

Pero la gran pérdida del año para la monarquía francesa es la de su principal capitán. El 13 de julio de 1380, Bertrand Du Guesclin muere en el sitio de Chateauneuf-de-Randon, en Gévaudan, después de haber dirigido durante años la reconquista en nombre de Carlos V. Su desaparición afecta profundamente al rey y priva a la monarquía del hombre que había encarnado su estrategia militar: evitar las batallas ruinosas, recuperar las plazas una a una, hostigar al enemigo y reconquistar metódicamente el reino.

Coronación de Carlos VI el Bienamado Coronación de Carlos VI el Bienamado: Jean Fouquet, Public domain, via Wikimedia Commons

Unas semanas más tarde, el propio reinado llega a su fin. Carlos V muere el 16 de septiembre de 1380. En esa fecha, la situación militar es muy distinta de la que había heredado en 1364: los ingleses no controlan ya en Francia más que Calais, Cherburgo, Brest, el Bordelais y la región de Bayona. El enderezamiento del reino es, por tanto, considerable. Su hijo le sucede con el nombre de Carlos VI, pero, como sigue siendo menor de edad, el poder pasa a manos de sus tíos, en particular Luis de Anjou, Juan de Berry, Felipe de Borgoña y Luis de Borbón. El joven rey es coronado en Reims el 4 de noviembre de 1380, mientras que Olivier de Clisson se convierte en condestable a finales de mes.

Así, los años 1379–1380 ponen fin a un reinado de reconstrucción y de reconquista, pero abren también un período de incertidumbre. La monarquía de Carlos V ha restaurado una gran parte de la autoridad francesa, pero la cuestión bretona sigue abierta, el Gran Cisma divide Europa y el nuevo rey es un niño. El reino sale fortalecido del reinado de Carlos el Sabio, pero entra también en una fase en la que el peso de los príncipes y las crisis de gobierno vuelve a ser central.


🧠 Ideas clave

  • 1364: Carlos V se convierte en rey tras la muerte de Juan II; la victoria de Cocherel refuerza de inmediato la autoridad de los Valois.
  • 1365–1368: el rey pacifica el reino, contiene a Carlos el Malo, combate a las grandes compañías y prepara la reanudación de la guerra sin arriesgar una batalla catastrófica.
  • 1369: la guerra contra Inglaterra se reanuda oficialmente; Carlos V se apoya en las apelaciones de los señores aquitanos y en la alianza castellana.
  • 1370: Bertrand Du Guesclin se convierte en condestable; la victoria de Pontvallain confirma la recuperación militar francesa.
  • 1372: la victoria naval de La Rochelle rompe la potencia marítima inglesa en el Oeste y acelera la reconquista francesa.
  • 1373–1375: los asedios, la guerra de desgaste y la reorganización militar permiten a Francia recuperar la iniciativa; la tregua de Brujas suspende los combates sin resolver el conflicto.
  • 1378: el Gran Cisma de Occidente divide duraderamente Europa; Francia apoya a Clemente VII en Aviñón e Inglaterra apoya a Urbano VI en Roma.
  • 1379–1380: a pesar de las dificultades en Bretaña, el reinado termina con un reino recuperado; a la muerte de Carlos V, los ingleses conservan en Francia solo algunas plazas mayores.
  • 1380: la muerte de Carlos V abre la minoría de Carlos VI; el reino está mejor gobernado y militarmente es más sólido que en 1364.

Zooms

1364: Charles V's Accession and the Consolidation of Power

p5ch17z1

1380: The Death of Charles V and His Political Legacy

p5ch17z10

16-19 May 1364: Cocherel, End of Civil Conflict, and Charles V's Coronation

p5ch17z11

1364-1365: Charles the Bad, the Treaty of Avignon, and the Evreux-Montpellier Exchange

p5ch17z12

1364-1375: Military Reorganization, Muster Controls, and Artillery

p5ch17z13

1364-1377: Isolating England Through Diplomacy and Alliances

p5ch17z14

1368-1369: Gascon Appeals and the 'Legal' Relaunch of War

p5ch17z15

1372-1373: Occupation of Brittany and Rupture with Jean IV

p5ch17z16

1373-1377: Lancaster's Chevauchee, the Truce of Bruges, and the Return of War

p5ch17z17

Finance, Administration, and a 'Currency of Trust'

p5ch17z2

Du Guesclin and a New Way of War

p5ch17z3

1365: The Treaty of Guerande and Breton Pacification

p5ch17z4

1366-1369: The First Castilian Civil War, Companies, and Strategic Realignment

p5ch17z5

1369-1375: French Reconquest and the Decline of England's 'Great War' Model

p5ch17z6

Charles V's Paris: Fortifications, the Louvre, and the Royal Library

p5ch17z7

1378: The Western Schism, Avignon, and Rome

p5ch17z8

Princes, Appanages, and Succession Tensions

p5ch17z9