
300 à 400
En el siglo IV, la Galia forma parte de un Imperio romano transformado: administración más centralizada, ejército reorganizado y avance decisivo del cristianismo.
Las reformas de finales del siglo III (Diocleciano) consolidan un poder más jerárquico y fiscalmente exigente. La Galia, próxima al Rin, se vuelve espacio estratégico de primer orden; Tréveris actúa como centro político y militar occidental.

Con los edictos de tolerancia (311) y libertad de culto (313), y luego el apoyo imperial, el cristianismo gana peso institucional. En 380, Teodosio lo convierte en religión oficial.

Se estructuran sedes episcopales (Lyon, Arlés, Tours, Poitiers). Los obispos asumen funciones religiosas y también cívicas. La difusión avanza de las ciudades al campo, sin borrar de inmediato tradiciones paganas.
La Galia sigue siendo escenario de luchas por el poder (Magnencio, Arbogasto, Eugenio), mostrando una estabilidad siempre precaria.

En 355, incursiones francas y alamanas golpean con fuerza. Juliano recupera terreno con su victoria de 357 cerca de Estrasburgo, pero la presión no desaparece.

A la muerte de Teodosio, la división definitiva entre Oriente y Occidente deja a la Galia dentro de un Occidente más débil y expuesto.

El siglo IV no es aún la caída del Imperio, pero sí la preparación de su gran crisis occidental: cristianización, militarización fronteriza y fragilidad política creciente.