Felipe IV el Hermoso: Estado, fiscalidad y choque con el papado (1285-1314)

Felipe IV el Hermoso: Estado, fiscalidad y choque con el papado (1285-1314)

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1285 à 1314

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El advenimiento de Felipe IV el Hermoso, en 1285, abre una de las fases más destacadas de la historia de la monarquía capeta. Nieto de Luis IX e hijo de Felipe III el Atrevido, el nuevo rey hereda un reino más vasto, mejor administrado y más sólidamente estructurado que en tiempos de sus predecesores. Bajo su reinado, la monarquía francesa alcanza un grado de poder sin precedentes, al tiempo que entra en un periodo de tensiones políticas, financieras y religiosas particularmente intensas.

El reinado de Felipe IV se inscribe en primer lugar en la continuidad de la obra capeta. El dominio real se ha extendido considerablemente desde la época de Felipe Augusto, la administración se ha reforzado, la justicia del rey progresa y la autoridad monárquica tiende a imponerse frente a los poderes feudales. Pero esta consolidación se acompaña ahora de una voluntad más marcada de centralización, de afirmación soberana y de control de los recursos del reino.

Apodado «el Hermoso» por su apariencia y la majestad que se desprende de su persona, Felipe IV aparece ante los cronistas como un soberano de gran dignidad, silencioso, distante y profundamente apegado a la grandeza de la corona. Su reinado está menos marcado por el ideal personal de santidad que rodea a Luis IX que por el auge de un Estado monárquico más exigente, más administrativo y más conflictivo.

Bajo Felipe el Hermoso, la realeza se enfrenta sucesivamente a grandes príncipes, a las ciudades flamencas, al papado y luego a la orden del Temple. Desarrolla también nuevos medios de gobierno, apoyándose en legistas, en oficiales más especializados y en una fiscalidad más ambiciosa, a menudo cuestionada. El reino conoce así un periodo de expansión de la autoridad real, pero también de crecientes tensiones en torno al impuesto, la guerra y la propia definición del poder del rey.

El reinado de Felipe IV constituye así un momento bisagra. Prolonga el auge capeto iniciado en los siglos XII y XIII, al mismo tiempo que anuncia ya las mutaciones políticas del final de la Edad Media: afirmación de la soberanía, recurso más frecuente al escrito administrativo, conflictos con las autoridades universales y peso creciente del Estado real en la vida del reino.


I. 1286-1291: advenimiento, primeros arbitrajes y recomposiciones del mundo capeto

Los primeros años del reinado de Felipe IV el Hermoso están marcados por la consolidación de su autoridad, por la continuidad de los equilibrios diplomáticos heredados del reinado anterior y por profundas convulsiones en el espacio mediterráneo y oriental. Coronado en Reims el 6 de enero de 1286, el nuevo rey se inscribe en la continuidad capeta, debiendo al mismo tiempo afirmar su posición frente a las potencias vecinas y a las consecuencias de la política angevina en Italia y en el Mediterráneo.

Homenaje de Eduardo I a Felipe el Hermoso Homenaje de Eduardo I a Felipe el Hermoso: Jean Fouquet, Public domain, via Wikimedia Commons

Al comienzo del reinado, las relaciones con Inglaterra siguen siendo un asunto central. Eduardo I se traslada al continente en 1286 y va a reconocer su dependencia feudal frente al rey de Francia por sus posesiones continentales; esta secuencia diplomática desemboca, en agosto de 1286, en un acuerdo relativo en particular al Quercy y a la Saintonge, que refuerza la posición capeta en el suroeste. Al mismo tiempo, la reunión de los Estados de Provenza en Sisteron ilustra la vitalidad institucional del espacio provenzal, estrechamente ligado a los intereses de la casa de Anjou.

Los años siguientes ven proseguir la crisis siciliana surgida de las Vísperas sicilianas. En 1287, a pesar de algunos éxitos iniciales de los angevinos en Sicilia, se confirma la superioridad naval aragonesa, en particular con la victoria de Roger de Lauria en Castellammare. El tratado de Oloron, concluido en el verano de 1287 con la mediación de Eduardo I, busca organizar un apaciguamiento en torno a la cuestión de Carlos II de Anjou, retenido por Aragón desde 1284; su liberación, sin embargo, no se produce hasta 1288, y su coronación como rey de Nápoles en 1289 no pone fin al conflicto entre angevinos y aragoneses.

Firma del tratado de Oloron entre los emisarios del rey de Francia, de Inglaterra, y Alfonso III de Aragón en 1287: José Serra y Porson, Public domain, via Wikimedia Commons

En el plano interior, el comienzo del reinado también está marcado por decisiones relativas a las minorías y a los recursos del reino. En 1290, el edicto de expulsión de Eduardo I expulsa a los judíos de Inglaterra antes del 1 de noviembre, incluidos los de sus tierras aquitanas, lo que provoca desplazamientos hacia el Languedoc, Navarra y Castilla. Al mismo tiempo, Felipe el Hermoso confirma los privilegios del clero y refuerza su dominio económico adquiriendo las salinas de Peccais, cerca de Aigues-Mortes, recurso importante para la fiscalidad y el comercio de la sal.

El año 1291 constituye un punto de inflexión mayor para la cristiandad latina. El 18 de mayo, los mamelucos toman Acre tras un asedio de unos cuarenta días; la ciudadela ocupada por los templarios cae a su vez el 28 de mayo. En los meses siguientes, las últimas plazas francas del litoral levantino son evacuadas o destruidas. La caída de Acre marca comúnmente el fin del reino cristiano de Jerusalén en el continente asiático; en adelante, los latinos de Oriente solo conservan Chipre como principal punto de apoyo, mientras que los hospitalarios se repliegan allí.

La defensa de Acre durante el asedio de 1291 La defensa de Acre durante el asedio de 1291: Dominique Papety, Public domain, via Wikimedia Commons

Al mismo tiempo, los asuntos mediterráneos occidentales siguen ocupando un lugar importante. La paz de Brignoles, concluida en febrero de 1291 tras las negociaciones de Tarascón, busca estabilizar las relaciones entre Alfonso III de Aragón, Carlos II de Anjou y Felipe IV. En Francia, el rey también manifiesta una atención creciente hacia los recursos financieros del reino: el 1 de mayo de 1291, unos mercaderes y banqueros lombardos son detenidos y sometidos a rescate bajo la acusación de usura. Ese mismo año, autoriza a la ciudad de Cahors a cobrar un peaje destinado a financiar la construcción del Pont Neuf. En esta época, por último, Guillermo de Nogaret, futuro principal consejero del reinado, todavía enseña derecho en la universidad de Montpellier.

Así pues, entre 1286 y 1291, el reinado de Felipe el Hermoso se abre con una fase de instalación todavía en gran parte heredada de los equilibrios capetos del siglo XIII, pero ya atravesada por las tensiones que marcarán todo su gobierno: rivalidad con Inglaterra, peso de los asuntos angevinos, atención creciente a los recursos fiscales y cuestionamiento del orden latino en Oriente.

II. 1292-1295: crisis de Guyena, afirmación real y primeras tensiones con el papado

A comienzos de la década de 1290, el reinado de Felipe IV el Hermoso entra en una fase más conflictiva. La monarquía refuerza sus medios de acción, extiende su intervención en varias regiones del reino y se ve progresivamente arrastrada a una confrontación con Inglaterra en torno a la Guyena, mientras que las necesidades financieras de la guerra contribuyen a abrir una primera crisis con el papado.

Disputa entre marineros franceses e ingleses en Bayona

Disputa entre marineros franceses e ingleses en Bayona: Edouard Zier, Public domain, via Wikimedia Commons

En 1292, el rey toma Lyon bajo su protección, a petición de una parte de los habitantes, y afirma allí de forma más clara la influencia capeta, aunque la anexión definitiva de la ciudad al reino no se producirá hasta 1312. Ese mismo año, unos incidentes ocurridos en Bayona entre marineros franceses e ingleses abren una crisis marítima llamada a degenerar en un enfrentamiento político más amplio entre las dos coronas.

Este aumento de las tensiones se acompaña de un esfuerzo de organización naval. A partir de 1292-1293, Felipe el Hermoso instala en Ruan el Clos aux galées, primer arsenal real permanente del reino, destinado a dotar a la monarquía de una infraestructura marítima más estable. Esta creación testimonia un Estado capeto que a partir de entonces se preocupa por disponer de medios militares controlados más directamente por la corona.

En 1294, aprovechando como pretexto las violencias marítimas de los años anteriores, Felipe IV decreta la confiscación del ducado de Aquitania el 19 de mayo, lo que desencadena la guerra de Guyena entre Francia e Inglaterra. El conflicto rebasa rápidamente el simple marco gascón y suscita un vasto juego de alianzas: Eduardo I busca apoyos en el Imperio y en los principados del norte, mientras que la monarquía francesa se apoya en particular en Escocia y en varios príncipes favorables a la política capeta.

La dimensión británica de la crisis se acrecienta aún más cuando Juan Balliol, rey de Escocia, rompe con Eduardo I. Esta evolución prepara el acercamiento franco-escocés que toma forma a mediados de la década. Al mismo tiempo, la elección de Bonifacio VIII a finales de 1294 introduce un nuevo actor de primer orden: el papa pretende defender las prerrogativas de la Iglesia frente a las monarquías que buscan gravar al clero para financiar la guerra.

El año 1295 ve, en efecto, afirmarse con más claridad las necesidades financieras de la monarquía. Felipe IV procede a una importante mutación monetaria, acuñando una moneda con menos contenido en metal precioso pero conservando su valor nominal, lo que provoca una primera gran crisis monetaria. Refuerza también su control sobre los recursos del reino: retira a los templarios de París la custodia del tesoro real para transferirla al Louvre, presiona a los poseedores de vajilla preciosa mediante medidas suntuarias y busca aumentar los ingresos fiscales.

Ese mismo año, el rey concluye con Juan Balliol un tratado de alianza defensiva, en el origen de la Auld Alliance entre Francia y Escocia. Este acercamiento se inscribe directamente en la guerra contra Inglaterra. Al mismo tiempo, Pierre Flote emerge en primer plano como uno de los principales servidores de la monarquía, en el momento en que se pone en marcha en torno al rey un gobierno cada vez más marcado por la influencia de los legistas.

III. 1296-1297: conflicto con Bonifacio VIII y extensión de la guerra a Flandes

En 1296, la guerra contra Inglaterra y sus aliados incrementa aún más las necesidades financieras de la monarquía francesa. Para mantener el ejército, Felipe IV pretende recaudar una décima sobre el clero sin autorización pontificia. Esta política provoca una confrontación directa con el papa Bonifacio VIII, que publica, el 25 de febrero de 1296, la bula Clericis laicos, que prohíbe a los soberanos gravar los bienes eclesiásticos sin el acuerdo previo de la Santa Sede.

El rey responde prohibiendo las salidas de dinero fuera del reino, lo que afecta directamente a las transferencias hacia Roma. Esta primera prueba de fuerza entre el papado y la monarquía francesa no desemboca todavía en una ruptura definitiva, pero revela ya la oposición entre las pretensiones universales del pontífice y la afirmación de una soberanía real más autónoma. Constituye uno de los primeros grandes enfrentamientos ideológicos del reinado.

En este mismo contexto, la guerra se extiende a las islas Británicas. En 1296, Eduardo I aplasta a los escoceses en Berwick y luego en Dunbar, depone a Juan Balliol y abre la primera guerra de independencia de Escocia. Para Francia, la alianza escocesa sigue siendo, sin embargo, una palanca diplomática importante contra Inglaterra.

Batalla de Furnes (1297) Batalla de Furnes (1297): Unknown 14th-c. French artist, Public domain, via Wikimedia Commons

La crisis adquiere una nueva magnitud en 1297 cuando el conde Guy de Dampierre compromete más abiertamente a Flandes en el bando inglés. Felipe el Hermoso reacciona militarmente: el ejército francés se apodera de Lille tras un asedio durante el verano, y luego logra la batalla de Furnes el 20 de agosto de 1297, lo que permite al rey ocupar una parte de Flandes occidental. La capitulación de Lille es seguida de la confirmación de sus privilegios por el soberano, siguiendo una práctica habitual de la monarquía capeta hacia las ciudades sometidas.

Ese mismo año marca también una tregua pasajera con el papado: el 11 de agosto de 1297, Bonifacio VIII canoniza a Luis IX, gesto que contribuye temporalmente a apaciguar las relaciones con la corte de Francia. Por último, se concluye una tregua con Inglaterra el 9 de octubre de 1297, sin que ello resuelva definitivamente las causas profundas del conflicto. La guerra de Guyena, la cuestión flamenca y la disputa con el papado siguen, pues, abiertas y seguirán marcando el reinado en los años siguientes.

IV. 1298-1300: reformas interiores, pacificación diplomática y reanudación de la cuestión flamenca

A finales del siglo XIII, el reinado de Felipe IV el Hermoso entra en una fase de consolidación interior, mientras la monarquía busca estabilizar varios frentes diplomáticos abiertos en los años anteriores. En 1298, el rey promulga una ordenanza que abole la servidumbre en sus nuevas provincias meridionales, medida que se inscribe en la política de integración de los territorios recientemente incorporados al dominio real.

Ese mismo año, el desarrollo del Mediodía capeto se traduce también en la fundación de nuevas bastidas. El 1 de agosto de 1298, la bastida de Marciac es creada mediante un contrato de pareaje firmado en Toulouse, lo que ilustra la extensión del encuadramiento administrativo y señorial en el suroeste.

En 1299, el tratado de Montreuil-sur-Mer restablece la paz entre Francia, Inglaterra y Flandes. Mediante este acuerdo, Felipe el Hermoso restituye la Guyena al rey de Inglaterra, conservando sin embargo ciertas ventajas obtenidas durante el conflicto. Esta paz sigue siendo, no obstante, frágil, pues las tensiones entre la corona capeta y el condado de Flandes siguen siendo intensas.

Al mismo tiempo, la monarquía francesa prosigue una diplomacia activa en el continente. La conferencia de Vaucouleurs, en diciembre de 1299, ve acercarse a Felipe IV y a Alberto de Habsburgo contra el papa Bonifacio VIII, signo de un deterioro creciente de las relaciones entre la monarquía francesa y el papado.

El año 1300 marca a la vez una reanudación de las operaciones en Flandes y un momento importante para la cristiandad occidental. El papa Bonifacio VIII proclama, en efecto, el año jubilar, que conoce un éxito inmenso y refuerza el prestigio de Roma. Pero, en el norte del reino, la tregua de 1297 llega a su fin y las fuerzas reales reanudan la ofensiva. Carlos de Valois interviene en Flandes; Gante se rinde, y el conde Guy de Dampierre es capturado. La cuestión flamenca sigue, sin embargo, lejos de resolverse.


V. 1301-1302: la disputa con Bonifacio VIII y la afirmación de la soberanía real

A partir de 1301, el conflicto entre Felipe el Hermoso y Bonifacio VIII se hace abierto. El asunto de Bernard Saisset, obispo de Pamiers, desempeña un papel desencadenante. Acusado de traición, es llevado ante el Parlamento en Senlis, lo que provoca una viva protesta del papa. Detrás de este proceso se perfila una cuestión esencial: ¿puede el rey de Francia juzgar a un obispo en los asuntos temporales del reino?

El rey y sus consejeros responden con una afirmación creciente de la independencia de la monarquía en lo temporal. La propaganda real moviliza entonces a juristas y legistas, mientras que la corte pontificia denuncia las usurpaciones del poder capeto. El 5 de diciembre de 1301, la bula Ausculta fili afirma la superioridad del poder pontificio y ordena al rey someterse a las órdenes de la Santa Sede.

Felipe IV responde con vigor. En febrero de 1302, la bula es quemada solemnemente en París, gesto altamente simbólico. Pocas semanas después, el rey convoca en Notre-Dame de París, el 10 de abril de 1302, la primera reunión de los Estados Generales del reino. Clero, nobleza y representantes de las buenas ciudades manifiestan allí su apoyo al rey contra el papa. Esta asamblea marca una etapa importante en la historia política del reino: ilustra la capacidad creciente de la monarquía para movilizar públicamente las fuerzas del país en torno a la defensa de la corona.

Paralelamente, Felipe IV busca también limitar los abusos de las jurisdicciones eclesiásticas. Desde 1301, y luego de nuevo mediante ordenanza, encuadra de forma más estricta la acción de la Inquisición, cuya lucha contra la herejía debe pasar más bajo el control de los obispos. Esta política participa de la misma lógica general: restringir las usurpaciones de autoridades exteriores o rivales sobre el gobierno del reino.


VI. 1302-1303: sublevación flamenca, derrota de Courtrai y radicalización del conflicto pontificio

Maitines de Brujas Maitines de Brujas: Maître du Policratique de Charles V, Public domain, via Wikimedia Commons

Mientras la disputa con el papado se agrava, la situación se deteriora bruscamente en Flandes. El 18 de mayo de 1302, los maitines de Brujas ven cómo los gremios flamencos masacran a los agentes del rey de Francia presentes en la ciudad. La sublevación adquiere una magnitud general y se transforma en guerra abierta contra la dominación capeta.

El 11 de julio de 1302, el ejército francés sufre en Courtrai una derrota estrepitosa frente a las milicias comunales flamencas. Esta batalla, llamada de las Espuelas de oro, constituye un choque mayor: la caballería francesa es aplastada por infantes urbanos y artesanos. El acontecimiento impresiona duraderamente a los contemporáneos y revela los límites del poder militar capeto cuando se enfrenta a fuerzas comunales sólidamente organizadas.

Batalla de las Espuelas de oro Batalla de las Espuelas de oro: AnonymeUnknown author, Public domain, via Wikimedia Commons

Al mismo tiempo, el conflicto con Bonifacio VIII alcanza su punto culminante. El 18 de noviembre de 1302, la bula Unam Sanctam afirma con la mayor claridad la superioridad universal del poder pontificio, incluso en el orden temporal. En respuesta, los consejeros del rey, entre ellos Guillermo de Nogaret, intensifican su ofensiva ideológica contra el papa, presentado como tiránico, incluso hereje.

El papa Bonifacio VIII capturado por Guillermo de Nogaret El papa Bonifacio VIII capturado por Guillermo de Nogaret: InconnuUnknown , École française, Public domain, via Wikimedia Commons

El año 1303 ve desembocar esta crisis en un enfrentamiento directo. A pesar de algunos intentos de reajuste diplomático, en particular con el Imperio o con Inglaterra, la ruptura con el papa se vuelve irreversible. El 7 de septiembre de 1303, durante el atentado de Anagni, los agentes de Felipe el Hermoso, dirigidos por Guillermo de Nogaret, se apoderan de Bonifacio VIII. El episodio provoca una repercusión inmensa en la cristiandad: por primera vez, un papa es humillado públicamente por los hombres de un soberano occidental.

Bonifacio VIII, liberado poco después, muere en las semanas siguientes. Sin resolver de inmediato la disputa, el atentado de Anagni marca un giro decisivo en la historia de las relaciones entre la monarquía francesa y el papado. Simboliza el auge de un Estado capeto ya dispuesto a enfrentarse abiertamente a la autoridad pontificia en nombre de su soberanía.


Crisis climáticas, mutaciones políticas y nuevas prácticas fiscales

Estos años están también marcados por varias transformaciones de fondo. Los cronistas señalan, para 1303, un invierno particularmente riguroso seguido de una fuerte sequía estival, episodio a veces vinculado al inicio de la Pequeña Edad de Hielo en la historiografía antigua.

En el plano financiero, la monarquía desarrolla nuevos instrumentos de recaudación. En 1303 aparece el fogaje, impuesto repartido por hogar, es decir por fuego, que anuncia la ampliación progresiva de la fiscalidad real más allá de las obligaciones feudales tradicionales. Esta evolución acompaña el fortalecimiento de un Estado monárquico más exigente en recursos, en particular para sostener la guerra y la acción diplomática.

El conjunto del periodo 1298-1303 aparece así como un momento decisivo del reinado de Felipe el Hermoso. La monarquía afirma en él su voluntad de centralización y de soberanía, pero al precio de conflictos abiertos con Flandes, con el papado y con varias fuerzas sociales y políticas del reino y de la Europa occidental.


VII. 1304-1305: reanudación en Flandes y nuevo escenario pontificio

La batalla de Mons-en-Pévèle (1304) La batalla de Mons-en-Pévèle (1304): Charles-Philippe Larivière, Public domain, via Wikimedia Commons

Tras los reveses sufridos en Flandes a comienzos de la década de 1300, la monarquía capeta reanuda la ofensiva. El 18 de agosto de 1304, las milicias flamencas son derrotadas por el ejército de Felipe IV el Hermoso en la batalla de Mons-en-Pévèle. Sin poner fin definitivamente a la resistencia de las ciudades flamencas, esta victoria permite al rey restablecer parcialmente su autoridad en la región y negociar después desde una posición de fuerza.

Esta reanudación militar desemboca en el tratado de Athis-sur-Orge del 23 de junio de 1305, por el cual Flandes debe ceder a la corona varias plazas importantes, en particular Lille, Douai y Béthune. El acuerdo consagra un refuerzo del dominio real en el norte del reino, aunque la cuestión flamenca sigue abierta en el plano político y fiscal.

Clemente V, Roma, biblioteca Palatina Clemente V, Roma, biblioteca Palatina: Unknown derivative work by JPS68, Public domain, via Wikimedia Commons

El año 1305 está también marcado por un acontecimiento mayor para las relaciones entre Francia y el papado. El 5 de junio, el arzobispo de Burdeos, Bertrand de Got, es elegido papa con el nombre de Clemente V. Su elección, favorecida por la influencia de Felipe el Hermoso, abre una fase nueva en la historia de la Iglesia latina; su pontificado está estrechamente ligado a las expectativas de la monarquía francesa, y está en el origen de la instalación duradera del papado en el espacio rodanense y luego en Aviñón a partir de 1309.

La coronación de Clemente V, celebrada en Lyon el 14 de noviembre de 1305, está marcada por un accidente espectacular: el derrumbe de una tribuna provoca varios muertos y heridos entre los asistentes. Este episodio impresiona a los contemporáneos justo cuando se abre un pontificado llamado a desempeñar un papel decisivo en los asuntos del reinado.

Al mismo tiempo, la dinastía capeta sigue organizando su sucesión. A la muerte de Juana I de Navarra, en 1305, su hijo mayor Luis, heredero de la corona de Francia, se convierte en rey de Navarra con el nombre de Luis I. Unos meses después, el 23 de septiembre de 1305, se casa con Margarita de Borgoña, reforzando los lazos entre la casa capeta y la aristocracia principesca del reino.


VIII. 1306-1307: endurecimiento interior, expulsiones y apertura del asunto de los templarios

Los años 1306 y 1307 están marcados por un claro endurecimiento de la política real en el interior del reino. En un contexto de fuertes tensiones financieras, sociales y religiosas, Felipe IV multiplica las medidas de coacción hacia varios grupos o instituciones, al tiempo que refuerza el control del Estado monárquico.

El 21 de junio de 1306, el rey ordena la expulsión de los judíos de Francia y la confiscación de sus bienes. Esta decisión se inscribe en una política más amplia de captación de recursos, en un reino donde la monarquía busca hacer frente a los costos de la guerra y a sus necesidades financieras crecientes. Los expulsados se dispersan en particular hacia España y otras tierras vecinas.

Ese mismo año, la tensión social se acrecienta en la capital. El 30 de diciembre de 1306, estalla una revuelta en París contra el alza de los alquileres y contra los efectos de las mutaciones monetarias. El rey debe refugiarse en el recinto del Temple, mientras que la casa de Étienne Barbette, considerado responsable por la opinión pública de las alteraciones monetarias, es incendiada. En reacción, el poder real golpea duramente a los cabecillas: varios de ellos son ahorcados en enero de 1307, y las cofradías profesionales quedan temporalmente suspendidas.

Al mismo tiempo, Felipe IV prosigue el encuadramiento de las instituciones del reino. La universidad de Orleans es fundada el 27 de enero de 1306, convirtiéndose en un centro importante de enseñanza del derecho romano, disciplina particularmente útil para la monarquía administrativa y los legistas reales.

El año 1307 abre por fin uno de los episodios más célebres del reinado. Tras varios meses de tensión entre la corona, el papado y la orden del Temple, Guillermo de Nogaret se convierte en guardián de los sellos, y luego el rey ordena, el 13 de octubre de 1307, el arresto simultáneo de los templarios en todo el reino. La operación apunta en particular al gran maestre Jacques de Molay y marca el inicio del largo proceso de la orden, acusada de herejía y pronto condenada a su supresión.

Maestro de Boucicaut, Clemente V y Felipe el Hermoso Maestro de Boucicaut, Clemente V y Felipe el Hermoso: Maître de Boucicaut, Public domain, via Wikimedia Commons

Esta iniciativa se inscribe en un contexto en el que Clemente V, elegido dos años antes, busca todavía contemporizar con la monarquía francesa a la vez que conserva la autoridad pontificia sobre las órdenes religiosas. El rechazo de Jacques de Molay a un proyecto de fusión entre templarios y hospitalarios contribuye además a aislar más a la orden en el momento en que el poder capeto decide golpearla.


IX. 1308-1310: dinastía capeta, papado de Aviñón y endurecimiento religioso

Entre 1308 y 1310, el reinado de Felipe IV el Hermoso está marcado por la consolidación de las alianzas dinásticas de la casa capeta, por el refuerzo de la influencia francesa sobre el papado y por una acentuación de la represión religiosa. Estos años ven también entrar el asunto de los templarios en una fase decisiva, mientras la autoridad real sigue afirmándose en las provincias y en las instituciones del reino.

En 1308, la dinastía capeta estrecha varios de sus lazos políticos. El 25 de enero, Eduardo II de Inglaterra se casa en Boulogne con Isabel de Francia, hija de Felipe el Hermoso; luego es coronada en Londres el 24 de febrero. Ese mismo año, el 2 de febrero, Carlos de Francia, futuro Carlos IV el Hermoso, se casa con Blanca de Borgoña. Estas uniones refuerzan la inserción de la monarquía francesa en los grandes equilibrios principescos de la Europa occidental.

La cuestión de los templarios ocupa, sin embargo, el primer plano. En febrero de 1308, Clemente V intenta reservar al papado la conducción del proceso. En reacción, Felipe IV convoca los Estados Generales, reunidos en Tours del 5 al 15 de mayo de 1308, que dan su apoyo a la política real contra la orden del Temple. Tras la audiencia de varios miembros de la orden, el papa debe finalmente dejar que el proceso siga su curso inquisitorial, lo que confirma el ascendiente político de la monarquía francesa en el asunto.

Al mismo tiempo, la Inquisición prosigue su acción en el Mediodía. En marzo de 1308, se organiza en Toulouse un primer auto de fe por el inquisidor Bernard de la Guionie, en el marco de la lucha contra los últimos focos de catarismo en Languedoc. Esta persistencia de la represión muestra que, a pesar del antiguo retroceso del movimiento, la herejía sigue siendo un asunto de control religioso y político en las provincias meridionales.

El año 1309 está dominado por un cambio mayor en la historia de la Iglesia latina. El 9 de marzo, Clemente V se instala en Aviñón, abriendo el periodo llamado del papado de Aviñón. Este desplazamiento del centro efectivo del gobierno pontificio hacia el valle del Ródano refuerza considerablemente la influencia francesa sobre el papado, aunque este sigue siendo jurídicamente distinto de la monarquía. Ese mismo año, el papa reconoce también la elección de Enrique VII como rey de romanos, buscando reorganizar el equilibrio político entre Imperio, papado y monarquías occidentales.

En la propia Francia, Felipe IV sigue ejerciendo su papel de árbitro dinástico. El 9 de octubre de 1309, durante el primer proceso de Artois ante la Corte de pares, falla a favor de Mahaut de Artois frente a las pretensiones de su sobrino Roberto III de Artois. Este fallo confirma el peso de la justicia real en la resolución de los grandes litigios feudales.

El año 1310 marca finalmente un agravamiento de la represión religiosa. El 12 de mayo de 1310, cincuenta y cuatro templarios son quemados cerca de París tras haber sido condenados como relapsos; el acontecimiento da al asunto del Temple una dimensión espectacular y dramática. Ese mismo año, el 31 de mayo, la Inquisición hace quemar en la plaza de Grève a la mística Margarita Porete, acusada de desviación doctrinal a través de su obra El espejo de las almas simples. Estas ejecuciones traducen la dureza creciente del control ejercido por los poderes eclesiásticos y reales sobre las formas de disidencia religiosa o espiritual.

Entre 1308 y 1310, el reinado de Felipe el Hermoso aparece así en un momento de plena intensidad política. Las alianzas matrimoniales refuerzan la posición de la dinastía, la instalación del papado en Aviñón modifica duraderamente las relaciones entre Francia y la Iglesia, y el asunto de los templarios revela hasta dónde puede llegar la monarquía capeta en el uso conjunto del derecho, la presión política y la represión religiosa.


X. 1311-1312: concilio de Vienne, supresión del Temple y refuerzo del dominio real

Los años 1311 y 1312 constituyen el desenlace de varios conflictos mayores del reinado de Felipe IV el Hermoso. La monarquía consolida en ellos su posición frente al papado, obtiene la desaparición de la orden del Temple y prosigue la extensión del dominio real, mientras que el concilio de Vienne marca una etapa importante en las relaciones entre el rey de Francia y la Iglesia.

El 27 de abril de 1311, mediante la bula Rex gloriae, el papa Clemente V resuelve una parte del litigio nacido del atentado de Anagni: Guillermo de Nogaret y Sciarra Colonna obtienen la absolución, mientras que se descarta la condena formal de Bonifacio VIII. Este compromiso permite al papa contemporizar con la monarquía francesa sin llegar a desautorizar explícitamente a su predecesor.

El concilio de Vienne se abre el 16 de octubre de 1311. Convocado oficialmente para tratar la reforma de la Iglesia, la cuestión templaria y los proyectos de cruzada, está fuertemente influido por la presión del rey de Francia. Felipe IV deseaba en particular obtener una condena de la memoria de Bonifacio VIII, pero Clemente V logra evitar ese proceso concentrando los debates en la suerte de la orden del Temple. El concilio adopta también varias medidas de reforma y fomenta el desarrollo de los estudios orientales en las universidades, con miras a un mejor conocimiento de las lenguas de la cristiandad oriental y del mundo musulmán.

Esta secuencia desemboca, en 1312, en la supresión oficial de los templarios. Mediante la bula Ad providam, publicada el 2 de mayo de 1312, Clemente V suprime la orden del Temple y atribuye en principio sus bienes a los hospitalarios de San Juan de Jerusalén. La decisión, ya preparada políticamente por la monarquía francesa, es después confirmada en el reino mediante cartas patentes de Felipe el Hermoso.

Ese mismo año, la monarquía capeta registra varios éxitos territoriales. El 10 de abril de 1312, mediante el tratado de Vienne, Lyon queda incorporada al reino de Francia, lo que refuerza aún más la posición capeta en el valle del Ródano. Unos meses después, el 11 de julio, Lille, Douai y Béthune son definitivamente entregadas al rey de Francia mediante el tratado de Pontoise, consolidando las ganancias obtenidas tras los conflictos flamencos de comienzos de siglo.

Al mismo tiempo, la dinastía prosigue su política matrimonial. En julio de 1312, Felipe de Valois, futuro Felipe VI, se casa con Juana de Borgoña, unión llamada a desempeñar un papel importante en las recomposiciones dinásticas de las décadas siguientes. Estos éxitos políticos y territoriales dan entonces la imagen de una monarquía llegada a un grado muy alto de poder, capaz de imponer sus puntos de vista tanto a los príncipes como a las ciudades e incluso al propio papado.


XI. 1314: crisis dinástica, fiscalidad de guerra y fin del reinado

El año 1314 es uno de los más dramáticos del reinado de Felipe IV el Hermoso. Está marcado a la vez por el desenlace sangriento del asunto de los templarios, por un escándalo dinástico de gran repercusión, por una nueva movilización fiscal y por la muerte inesperada del soberano, que cierra un reinado de casi treinta años.

Ejecución de Jacques de Molay Ejecución de Jacques de Molay: ignote, Public domain, via Wikimedia Commons

El 18 de marzo de 1314, Jacques de Molay, último gran maestre de la orden del Temple, así como Geoffroi de Charnay, son quemados en París como relapsos tras haber retractado sus confesiones. Esta ejecución espectacular constituye el acto final del asunto templario y impresiona duraderamente a los contemporáneos. Si bien algunas tradiciones ofrecen detalles legendarios o divergen sobre la fecha exacta, la fecha del 18 de marzo de 1314 es la que retienen con más frecuencia las síntesis generales.

Unas semanas después estalla el asunto de la torre de Nesle, que afecta directamente a la familia real. Las nueras del rey son acusadas de adulterio con los hermanos d’Aunay; estos son ejecutados en condiciones particularmente brutales, mientras que las princesas comprometidas son encarceladas. Este escándalo asesta un serio golpe al prestigio moral de la dinastía y ensombrece los últimos años del soberano. Pesará gravemente sobre las sucesiones venideras, ya debilitadas por la muerte prematura o la ausencia de herederos varones en varios hijos del rey.

Ese mismo año ve también desaparecer a Clemente V, muerto el 20 de abril de 1314. Su desaparición abre un periodo de incertidumbre al frente de la Iglesia, justo cuando el reino de Francia prosigue una política de firmeza en materia fiscal y territorial. El 1 de agosto de 1314, Felipe el Hermoso reúne los Estados Generales en París. La asamblea decide la anexión de Flandes y vota el cobro de un impuesto directo, la talla, destinado a financiar la conquista. Esta decisión marca una etapa importante: por primera vez, el Estado real busca imponer un gravamen directo a escala de todo el reino.

Pero esta voluntad de afianzamiento choca con resistencias crecientes. En los últimos meses del reinado aparecen tensiones nobiliarias y políticas que anuncian los disturbios del comienzo del reinado siguiente. El 29 de noviembre de 1314, Felipe IV el Hermoso muere súbitamente. Le sucede su hijo mayor con el nombre de Luis X el Obstinado, ya rey de Navarra desde 1305. Con esta sucesión, la Champaña, vinculada hasta entonces a la persona de la reina de Navarra, queda definitivamente reunida a la corona de Francia.

La muerte de Felipe el Hermoso pone fin a uno de los reinados más poderosos y más conflictivos de la monarquía capeta. Bajo su gobierno, el reino conoció una fuerte centralización administrativa, una afirmación sin precedentes de la soberanía real y enfrentamientos mayores con el papado, Inglaterra, Flandes y la orden del Temple. Pero este poder se acompaña también de una fragilidad creciente: tensiones fiscales, escándalos dinásticos e incertidumbres sucesorias abren una nueva fase de la historia capeta.


🧠 A retener

  • 1285: advenimiento de Felipe IV el Hermoso
  • 1291: caída de Acre, fin del reino cristiano de Jerusalén en Asia
  • 1294: comienzo de la guerra de Guyena, confiscación del ducado de Aquitania
  • 1296: bula Clericis laicos, primer enfrentamiento con Bonifacio VIII
  • 1297: batalla de Furnes, ocupación de Flandes occidental
  • 1302: atentado de Anagni, paroxismo del conflicto con Bonifacio VIII
  • 1312: supresión de la orden del Temple, tratado de Vienne (Lyon al reino)
  • 1314: ejecución de Jacques de Molay, asunto de la torre de Nesle, muerte del rey
  • 29 años: duración del reinado (1285-1314)

Zooms

1285: advenimiento de Felipe IV y continuidad capeta

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1287–1289: mongoles ilkhánidas y diplomacia lejana

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Crecimiento del dominio: Champaña, Chartres, Barrois, Lille y Lyon (1284–1312)

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1314: el asunto de la torre de Nesle, escándalo dinástico

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1314: muerte y sepultura de Felipe IV (Fontainebleau, Poissy, Saint-Denis)

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Flandes: Courtrai (1302) y paz de Athis-sur-Orge (1305)

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1302: primeros Estados Generales, impuesto y opinión

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Bonifacio VIII y Anagni (1303): choque papado/reino

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1306: expulsión de los judíos y finanzas reales

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1307–1312: proceso de los templarios y supresión de la orden

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1309: papado de Aviñón, un nuevo equilibrio

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Moneda y \"falso monedero\": mutaciones y agnel de oro (1306-1311)

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1294–1303: ocupación de Guyena y prolegómenos de la guerra de los Cien Años

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