Felipe III el Atrevido: continuidad capeta y crisis mediterráneas (1270–1285)

Felipe III el Atrevido: continuidad capeta y crisis mediterráneas (1270–1285)

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1270 à 1285

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La muerte de Luis IX ante Túnez, en 1270, abre una nueva etapa de la historia capeta. Con el advenimiento de Felipe III, la monarquía francesa permanece sólidamente establecida, pero entra en un periodo marcado por desafíos distintos de los del reinado anterior. El nuevo rey hereda un reino reforzado por las adquisiciones territoriales, por el desarrollo de la administración real y por el prestigio excepcional vinculado a la figura de su padre, pronto elevado a la santidad.

Mapa de Francia en 1270 Mapa de Francia en 1270: Chatsam, CC BY-SA 4.0 https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0, via Wikimedia Commons

Suceder a Luis IX constituye, en efecto, un desafío tan político como simbólico. Felipe III, llamado el Atrevido, no solo recibe la corona: ocupa un lugar bajo la sombra de un soberano cuyo reinado ya encarna, para sus contemporáneos, un ideal de justicia cristiana y de majestad capeta. Su gobierno se inscribe, pues, ante todo en una forma de continuidad dinástica, aunque también debe responder a nuevas realidades.

El reinado de Felipe III está así marcado por la continuación de la extensión del dominio real, por la integración más estrecha de varios principados meridionales, pero también por un desplazamiento progresivo de los grandes desafíos hacia el espacio mediterráneo. Las ambiciones de la casa capeta en Italia, la acción de Carlos de Anjou, las relaciones con el papado, las tensiones con Aragón y los equilibrios inestables de la cristiandad latina dan a este periodo una fisonomía particular.

Antes incluso de su advenimiento, Felipe ocupa ya un lugar importante dentro de la dinastía. Casado en 1262 con Isabel de Aragón, es padre de varios hijos, entre ellos el futuro Felipe IV el Hermoso. Su apodo de «el Atrevido» remite menos a una energía política excepcional que a la reputación de valentía personal y de valor caballeresco que le atribuyen los cronistas.

El reinado de Felipe III aparece así como un periodo de transición entre dos momentos mayores de la historia capeta: prolonga la obra de consolidación monárquica llevada a cabo bajo Luis IX, al tiempo que prepara, mediante sus decisiones dinásticas, territoriales y diplomáticas, las transformaciones más profundas que marcarán el gobierno de Felipe el Hermoso.

I. 1271–1274: advenimiento de Felipe III y recomposición del reino

El nuevo rey Felipe III el Atrevido es coronado en Reims el 15 de agosto de 1271. Esta coronación, que llega tras el difícil regreso de la cruzada de Túnez y los duelos que han golpeado a la familia real, otorga plena legitimidad a la sucesión capeta. Al mismo tiempo, Felipe III hereda un contexto político profundamente transformado por la desaparición de varios príncipes de primer rango.

Coronación de Felipe III de Francia Coronación de Felipe III de Francia: dominio público, Via Wikimedia Commons

El 25 de agosto de 1271, tras la muerte de Juana de Tolosa y de Alfonso de Poitiers, el condado de Tolosa, el Poitou y la Auvernia vuelven a la corona. Esta reunión constituye un giro mayor: refuerza considerablemente el dominio real y acelera la integración de las tierras meridionales en el conjunto capeta. En Tolosa, los capitulares reconocen desde el 1 de septiembre la autoridad del nuevo rey, mientras que la nobleza del condado le presta juramento en octubre de 1271. La incorporación de esta herencia al dominio real contribuye así a estrechar los lazos entre la Francia de oc y la Francia de oïl.

Castillo de Foix Castillo de Foix: Krzysztof Golik, CC BY-SA 4.0 https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0, via Wikimedia Commons

Esta toma de posesión se traduce rápidamente sobre el terreno. En 1272, Felipe III interviene contra las resistencias nobiliarias en el Midi. Entre el 3 y el 5 de junio, las tropas reales sitian y toman el castillo de Foix, y el conde Roger-Bernard es hecho prisionero. La administración capeta se instala entonces en los territorios recién reunidos, en particular con el nombramiento de Eustache de Beaumarchès como primer senescal real de Tolosa y del Albigesado. Estas medidas ilustran la extensión concreta de la autoridad monárquica en las provincias meridionales.

María de Brabante y Adenet le Roi María de Brabante y Adenet le Roi (trovador Adènes): Émile Bayard, dominio público, via Wikimedia Commons

Paralelamente, el reinado se inscribe en un marco dinástico y diplomático activo. En 1274, Felipe III se casa con María de Brabante, consolidando así nuevas alianzas principescas. Ese mismo año, adquiere también el condado de Nemours, que integra al dominio real. Estas decisiones dan testimonio de la continuidad de la política capeta de engrandecimiento territorial y de refuerzo dinástico.

Los inicios del reinado de Felipe III se insertan también en los grandes asuntos de la cristiandad. El pontificado de Gregorio X, iniciado en 1271, relanza la cuestión de la cruzada y de la unidad cristiana. En el segundo concilio de Lyon (1274), el papa recibe a embajadores del ilkan Abaqa e intenta coordinar una acción conjunta con los mongoles de Persia y con el emperador bizantino Miguel VIII Paleólogo contra las potencias musulmanas de Oriente Próximo. En ese mismo marco, la unión de las Iglesias griega y latina es proclamada en Lyon el 29 de junio de 1274, aunque permanece frágil.

Las relaciones entre la monarquía francesa y el papado conocen también una evolución importante. En 1274, Felipe III cede definitivamente al papa el Comtat Venaissin, reforzando así la presencia territorial del papado en el valle del Ródano. Esta decisión se inscribe en un contexto en el que el rey de Francia busca mantener buenas relaciones con la corte pontificia, justamente en el momento en que los grandes proyectos de cruzada se reactivan.

Mapa del Comtat Venaissin (Estados Pontificios) en 1789 y las provincias francesas adyacentes Mapa del Comtat Venaissin (Estados Pontificios) en 1789 y las provincias francesas adyacentes: Paul Vidal de La Blache (1845-1918), dominio público, via Wikimedia Commons

Por último, estos primeros años del reinado están marcados por el inicio de la puesta en memoria del reinado precedente. En noviembre de 1273 se abre la investigación de canonización de Luis IX, señal de la importancia política y religiosa que adquiere la figura del antiguo rey. El nuevo reinado se abre así bajo la prestigiosa sombra de San Luis, cuya memoria contribuye a legitimar la continuidad dinástica.

Entre 1271 y 1274, Felipe III el Atrevido aparece, pues, ante todo como un rey de instalación y de consolidación. Heredero de una monarquía reforzada por su padre, prosigue la extensión del dominio real, afirma su autoridad en el Midi y se inscribe en los grandes equilibrios diplomáticos de la cristiandad latina, al tiempo que abre un reinado que permanece primero bajo la herencia de Luis IX.


II. 1276–1284: tensiones mediterráneas y ascenso de la crisis aragonesa

En el transcurso de los últimos años del reinado de Felipe III el Atrevido, la monarquía capeta permanece sólidamente instalada en el reino, pero se ve cada vez más arrastrada hacia las crisis mediterráneas provocadas por la expansión de la casa de Anjou. Este periodo está también marcado por tensiones religiosas, por decisiones que afectan a las comunidades judías y por evoluciones dinásticas que preparan el reinado siguiente.


1276–1277: tensiones religiosas, asuntos de corte y autoridad capeta

En 1276, mientras la cristiandad latina conoce un año excepcional en el que se suceden varios papas, los príncipes capetos prosiguen sus intervenciones en ámbitos variados. Ese mismo año, Carlos de Anjou ordena en Provenza la liberación de conversos judíos relapsos detenidos por la Inquisición, lo que ilustra la complejidad de las relaciones entre el poder principesco, la justicia eclesiástica y las minorías religiosas.

Hijos del rey Roberto de Clermont y Beatriz Hijos del rey Roberto de Clermont y Beatriz: autor desconocido, dominio público, Via Wikimedia commons

Poco después, Roberto de Francia, conde de Clermont-en-Beauvaisis y sexto hijo de Luis IX, se casa con Beatriz de Borbón. Esta unión reviste una importancia dinástica duradera, pues de esta rama saldrán más tarde los Borbones.

El año 1277 está marcado por varios acontecimientos de alcance diverso. En enero, Carlos de Anjou adquiere los derechos de María de Antioquía sobre el reino de Jerusalén, lo que acrecienta aún más sus ambiciones orientales. Sin embargo, esta adquisición no conlleva una restauración duradera de la autoridad franca en Tierra Santa; al contrario: las divisiones entre partidarios de los reyes de Chipre y de Carlos de Anjou hacen imposible cualquier política común.

En el reino, el 7 de marzo de 1277, el obispo de París, Étienne Tempier, condena varias tesis filosóficas asociadas al averroísmo latino, así como ciertas posiciones discutidas en el marco de la recepción de Aristóteles. Esta condena ilustra las tensiones doctrinales que recorren entonces la Universidad de París, principal centro intelectual del reino.

Ese mismo año, Felipe III interviene como árbitro en el conflicto conocido bajo el nombre de guerra de la Vaca de Ciney, que se desarrolló entre Jallet (señorío de Goesnes), de donde era originario el ladrón de la vaca, Ciney (lugar donde fue robada) y Andenne (lugar donde fue hallada), y puso a fuego y sangre una sesentena de aldeas del Condroz, causando cerca de 15.000 muertos, prueba del prestigio todavía reconocido a la monarquía capeta más allá incluso de sus fronteras inmediatas. En cambio, la corte real se ve afectada por un grave asunto político con la ejecución, el 30 de junio de 1277, de Pierre de La Broce, antiguo chambelán y favorito del rey, acusado de haber contribuido a la muerte del príncipe Luis, hijo mayor del rey y de Isabel de Aragón.

Ilustración que muestra la ejecución de Pierre de la Brosse Ilustración que muestra la ejecución de Pierre de la Brosse: British Library, dominio público, via Wikimedia Commons

Por último, el 8 de septiembre de 1278, el pareaje de Andorra es firmado entre el obispo de Urgell y el conde de Foix, fijando sus derechos respectivos sobre este territorio pirenaico. Este acuerdo, situado en la frontera de los espacios francés y catalán, constituye una etapa duradera en la organización política de la región.


1279–1281: equilibrio con Inglaterra y retroceso angevino en Oriente

El 23 de mayo de 1279, el tratado de Amiens resuelve un litigio entre la monarquía capeta y la corona inglesa. Felipe III restituye entonces el Agenais a Eduardo I de Inglaterra, en continuidad con la política de compromiso emprendida desde los acuerdos concluidos bajo Luis IX con los Plantagenet.

Al mismo tiempo, la situación mediterránea se degrada para la casa de Anjou. En 1280, las ambiciones balcánicas de Carlos I de Anjou sufren un revés con la derrota de sus tropas ante Berat, en Albania, frente a las fuerzas bizantinas. Este fracaso compromete los proyectos angevinos en los Balcanes y revela los límites de su expansión oriental.

Estos reveses se inscriben en un contexto más amplio de recomposición de las relaciones de fuerza entre Bizancio, las potencias latinas y los príncipes occidentales. La oposición entre Carlos de Anjou y el emperador Miguel VIII Paleólogo continúa así estructurando gran parte de la política mediterránea a finales de la década de 1270.


1282–1284: las Vísperas sicilianas y el aumento de las tensiones con Aragón

I vespri siciliani Las Vísperas sicilianas (1282): Davide Mauro, CC BY-SA 4.0 https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0, via Wikimedia Commons

Un giro mayor se produce en 1282 con el levantamiento de las Vísperas sicilianas. El 30 de marzo, en Palermo, la población siciliana se subleva contra la dominación angevina y masacra a numerosos franceses. El movimiento, apoyado por Pedro III de Aragón y favorecido por la diplomacia bizantina, provoca el rápido derrumbe de la dominación de Carlos de Anjou sobre la isla de Sicilia.

Esta revuelta trastorna el equilibrio mediterráneo. Carlos de Anjou se ve obligado a abandonar Sicilia en favor de Aragón, aunque conserva el reino de Nápoles. La crisis siciliana compromete indirectamente a la monarquía francesa en una confrontación creciente con la corona de Aragón.

En el reino, Felipe III prosigue paralelamente su política de engrandecimiento del dominio real. En 1282, adquiere el condado de Guînes, mientras que en 1284, a la muerte de Pedro I de Alençon, el condado de Chartres vuelve a la corona.

El año 1283 está marcado por una nueva ordenanza sobre los judíos, dictada en Corbeil, que restringe su residencia a las localidades más importantes y provoca una oleada de emigración. Ese mismo año, la rivalidad entre Carlos de Anjou y Pedro III de Aragón alcanza un grado espectacular con el proyecto frustrado de un duelo entre los dos soberanos en Burdeos. Poco después, el papa Martín IV declara a Pedro III depuesto de la corona de Aragón y atribuye esta a Carlos de Valois, segundo hijo de Felipe III, dando así una base jurídica pontificia a una futura intervención francesa.

En 1284, la casa capeta registra también un éxito dinástico mayor con el matrimonio del futuro Felipe IV el Hermoso y de Juana de Navarra. Esta unión conlleva la reunión de Navarra y de Champaña a la corona de Francia, reforzando aún más el poderío territorial de la dinastía. Ese mismo año, sin embargo, los angevinos sufren una pesada derrota naval en la bahía de Nápoles, donde Carlos II de Anjou es vencido y capturado.


III. 1285: la cruzada de Aragón y la muerte de Felipe III

En 1285, la crisis siciliana desemboca en una intervención directa del rey de Francia en la península ibérica. El papa, tras haber atribuido la corona de Aragón a Carlos de Valois, impulsa una expedición contra Pedro III. Felipe III asume entonces personalmente la dirección de la cruzada de Aragón.

La ruta de la cruzada de Aragón La ruta de la cruzada de Aragón: Srnec (talk) (Uploads), dominio público, via Wikimedia Commons

Partiendo en la primavera de 1285, el ejército francés entra en el Rosellón y luego avanza hacia Cataluña. La expedición se enfrenta, sin embargo, a graves dificultades logísticas y sanitarias. La resistencia aragonesa, unida a los éxitos de la flota catalana comandada por Roger de Lauria, compromete rápidamente la empresa. Los 3 y 4 de septiembre de 1285, la flota francesa es derrotada en la batalla de las Formigues.

batalla de las Formigues batalla de las Formigues: artista anónimo, dominio público, via Wikimedia Commons

Debilitado por la enfermedad, probablemente el paludismo, Felipe III ordena la retirada. El rey muere en Perpiñán el 5 de octubre de 1285, durante la retirada de su ejército. Su desaparición pone fin a un reinado de quince años, marcado por la continuidad de la obra capeta, pero también por el compromiso creciente de la monarquía francesa en los asuntos mediterráneos y angevinos.

Felipe III el Atrevido moribundo bendiciendo a sus hijos Felipe III el Atrevido moribundo bendiciendo a sus hijos: Manuel Ferran i Bayona, dominio público, via Wikimedia Commons

Su hijo le sucede bajo el nombre de Felipe IV el Hermoso, abriendo una nueva fase de la historia capeta, caracterizada por un refuerzo aún más marcado de la autoridad monárquica.


🧠 A retener

  • El advenimiento de Felipe III (1271) viene acompañado de una ganancia territorial
  • La canonización de Luis IX (investigación abierta en 1273, proclamada en 1297)
  • El reinado de Felipe III está marcado por el compromiso creciente de Francia en los asuntos mediterráneos y angevinos
  • Las Vísperas sicilianas (1282)
  • El matrimonio de Felipe el Hermoso y Juana de Navarra (1284)
  • La cruzada de Aragón (1285)

Zooms

1270–1271: advenimiento y coronación de Felipe III

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1271: Tolosa y los apanajes vuelven al dominio

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1274: concilio de Lyon, papado y diplomacia capeta

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1282: las Vísperas sicilianas y el embrasamiento mediterráneo

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1284: matrimonio de Felipe (futuro Felipe IV) y Juana de Navarra

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1285: cruzada de Aragón y muerte de Felipe III

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1272: Foix y Armagnac, la hueste contra los vasallos

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1279: tratado de Amiens y concesiones a Inglaterra

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1278: Pierre de La Brosse, favor y caída

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